Alemania en imágenes: la Guerra Nacionalsocialista
Marzo 31, 2007
Continuamos con el repaso gráfico de la Historia de Alemania con este video dedicado a la II Guerra Mundial. La música pertenece al Requiem de Mozart, y las imágenes -una vez más- las he sacado del Deutsches Historisches Museum. Lo he titulado “La Guerra Nacionalsocialista” porque me centro casi exclusivamente en el ámbito germánico del conflicto. Por esta razón, los conocedores de este acontecimiento histórico echarán de menos algunos aspectos relacionados con otros frentes en los que el III Reich no se vio implicado. Además, me ha parecido conveniente incluir algunos aspectos previos al conflicto: la remilitarización de Renania, el Anschluss, la Conferencia de Munich y el Pacto germano-soviético.
Tal como hice con el video dedicado a la etapa entre 1914 y 1940, he publicado un artículo explicando las imágenes. Para verlo pincha aquí.
Breves biografías de la Revolución Húngara: Miklós Gimes
Marzo 30, 2007
(1917-1958) En 1954 trabajaba como corresponsal de “Szabad Nép”, desde donde pasó a la redacción de “Magyar Nemzet”. Entre 1955 y 1956 destacó por su compromiso con los postulados de Imre Nagy y por su oposición al sector ortodoxo del Partido Comunista. Con la intención de mantener viva la llama de la insurrección del otoño de 1956, Gimes continuó luchando contra Kádár en la clandestinidad y, entre otras muchas iniciativas, llegó a editar ilegalmente el periódico “Október huszonhamadika” (“Veintitrés de octubre”). Finalmente, fue arrestado por la policía política comunista: en el proceso contra el grupo de Nagy fue condenado a muerte y ejecutado el 16 de junio de 1958. Read the rest of this entry »
La “traición” de las agrupaciones paramilitares
Marzo 29, 2007
Este artículo pertenece a una serie de escritos que he elaborado en torno a los aspectos más significativos de “Historia de un alemán”. En concreto este se sitúa dentro de aquellos referidos a la revolución legal llevada a cabo por los nacionalsocialistas.
Si deseas leer el texto introductorio a esta obra haz clic aquí. Si prefieres ir al video pulsa en este otro link.
También puedes ir a otros aspectos del fin del sistema de Weimar:
- La “traición” de los partidos
O a otros aspectos de “Historia de un alemán”:
- El estallido de la Gran Guerra
- La República de Weimar entre 1919 y 1923
- El fin del sistema de Weimar
- La Transformación Sociocultural
- La situación de los no-nazis
Las agrupaciones políticas actuaron igual que los partidos (…) En ningún momento se notó la influencia de este Reichsbanner, nada en absoluto. Desapareció sin dejar rastro, como si jamás hubiera existido Read the rest of this entry »
Breves biografías de la Revolución Húngara: Sándor Haraszti
Marzo 28, 2007
(1887-1992) Este periodista y político comunista cayó en desgracia en 1951 y se le condenó en un proceso falseado. En 1954 fue puesto en libertad. A partir de ese momento se vinculó estrechamente al grupo de Nagy y durante los días de la insurrección de otoño de 1956 fue jefe de redacción de “Szabad Nép”. Después de la derrota de la insurrección, Haraszti compartió la suerte de los miembros del grupo de Nagy y en el proceso incoado contra ellos fue condenado a ocho años de cárcel. Read the rest of this entry »
La postguerra que planeó Hitler
Marzo 27, 2007
Artículo publicado por la web Club Lorem Ipsum el 15 de marzo de 2007.
En mayo de 1945 finalizaba la II Guerra Mundial en su ámbito europeo. Tras casi seis años de duro conflicto el Viejo Continente se encontraba devastado, y las otrora poderosas naciones exhaustas. En ese tiempo el mundo había cambiado mucho: llegaba la hora de las superpotencias, y con ellas el declinar de imperios como el británico o el francés. Norteamericanos y soviéticos ocupaban Europa con el apoyo de sus frágiles aliados. Sin embargo, esa gran coalición contra el nacionalsocialismo, fraguada en las diversas conferencias interaliadas –Moscú, Teherán, Yalta y Potsdam-, no tardaría en quebrarse. Los gestos de “amistad” entre Stalin, Churchill y Roosevelt fueron sustituidos por duros reproches y discursos acusatorios como el de Sir Winston en la universidad de Fulton (Missouri), el de Harry Truman ante el Congreso de los EE.UU., o el de Jdanov en el seno de la Kominform. Después de la ruptura de la Gran Alianza, Europa y el orbe tendrían que someterse a uno de los dos bloques; daba comienzo así la Guerra Fría. El mundo anglosajón, capitaneado por los EE.UU., se enfrentaba al desafío de la revolución mundial promovida desde 1917 por los bolcheviques rusos. Se trataba de un nuevo conflicto mundial entre los vencedores de la guerra.
No obstante, la cuestión que nos ocupa aquí no es trazar el recorrido histórico –de ahí que nos centremos únicamente en sus inicios- de ese ciclópeo pulso. El objetivo de este artículo es demostrar que no fueron los políticos eslavos y anglosajones los que idearon el sistema de bloques. La postguerra la planeó un austriaco. La organización del orbe en torno a dos grandes potencias surgidas tras la guerra era una idea que se encontraba en los planes de Adolf Hitler. El líder nacionalsocialista pronosticaba en Mein Kampf un enfrentamiento entre el mundo germánico y el blochevique. De él tenía que surgir un Reich más fuerte capaz de dirigir a la Europa centro-oriental en su enfrentamiento contra el otro gran gigante: los EE.UU. La II Guerra Mundial era el medio que los nazis tenían para alcanzar ese objetivo: Hitler la necesitaba, por eso la provocó. El de 1939 fue un conflicto nacionalsocialista; tuvo, al contrario que en 1914, un único responsable.
El desarrollo de las operaciones militares acabó por desengañar a Hitler. En el enfrentamiento entre alemanes y bolcheviques fueron estos últimos los que lograron la victoria. No sería el III Reich el que protagonizaría el gran enfrentamiento de la postguerra, sino la URSS El imperio que pretendía utilizar el megalómano austriaco para derrotar al mundo anglosajón (Europa centro-oriental y la Rusia asiática) pasó a estar -también Alemania- en manos de Stalin. Muy pronto supo Hitler que la derrota era segura. Así se explican muchas de sus acciones desde 1943, incluida la declaración de guerra –prematura según su plan original- a los EE.UU.
El mundo surgido tras la II Guerra Mundial era, en cierto modo, hijo del nacionalsocialismo. Hitler forzó las estructuras del sistema de Versalles para alcanzar sus objetivos, pero lo que consiguió fue poner en manos de Stalin un gran imperio en el corazón de Europa. Aún así, con independencia de su triunfo o derrota, el III Reich fue el que encendió la mecha de ese gran cambio. Los nazis empezaron la guerra que transformaría el mundo en tan sólo seis años. Es más, el resultado fue, en cierto modo, el que esperaban: del conflicto germano-soviético surgió un gigante, un poderoso imperio. Cierto es que Hitler esperaba que ese coloso fuese Alemania, pero el resultado, con independencia de los protagonistas, fue el mismo. El mundo polar –dividido en dos bloques- fue idea del austriaco, y la guerra que lo formó también fue obra suya. Su derrota, el fin del Reich de los mil años, dejó en bandeja a su gran enemigo el destino que creía reservado para él. Los bolcheviques fueron los encargados de poner en marcha el “Imperio del Este”, pero de una manera más propia del ámbito panruso. Efectivamente, la mentalidad alemana poco tenía que ver con la del extenso país oriental. Stalin no era partidario de un enfrentamiento directo con Occidente, simplemente pretendía asentar su dominio sobre los territorios adquiridos y los demás Estados satélite.
Durante los cuarenta años en que se mantuvo vigente el sistema de bloques, los EE.UU. y la URSS no protagonizaron ningún enfrentamiento militar directo. Los dirigentes de ambas potencias siempre fueron conscientes de las catástrofes que una lucha entre ambas hubiera provocado: se temían y respetaban a pesar de su enemistad. Cabe plantearse si los nacionalsocialistas hubieran actuado igual en el caso de vencer al enemigo eslavo en la II Guerra Mundial. Sin duda, todo habría sido muy distinto; entre otras cosas porque el III Reich ya se había mostrado hostil al mundo anglosajón antes de invadir la Unión Soviética en 1940. Stalin inició la postguerra como aliado de EE.UU. y Gran Bretaña, mientras que Hitler la hubiera comenzado como enemigo. Es más, los planes del austriaco no contemplaban una coexistencia relativamente pacífica entre ambos bloques. En la cabeza del líder nazi sólo cabía la opción de un choque inevitable, y deseado, entre los dueños de mundo por el control total del mismo.
Bibliografía:
[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) - Barcelona - Ariel - 2004.
[2] Postguerra. Una historia de Europa desde 1945; Tony Judt – Madrid – Taurus -2006.
[3] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner - Galaxia Gutenberg - Barcelona - 2002.
[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig - Barcelona - El Acantilado - 2002.

