El fin del sistema de Weimar
Marzo 17, 2007
Este artículo pertenece a una serie de escritos que he elaborado en torno a los aspectos más significativos de “Historia de un alemán”. En concreto este se sitúa dentro de aquellos referidos al fin del sistema de Weimar.
Si deseas leer el texto introductorio a esta obra haz clic aquí. Si prefieres ir al video pulsa en este otro link.
También puedes ir a otros aspectos del fin del sistema de Weimar:
- El crecimiento nacionalsocialista
O a otros aspectos de “Historia de un alemán”:
- El estallido de la Gran Guerra
- La República de Weimar entre 1919 y 1923
- La Transformación Sociocultural
- La situación de los no-nazis
Hay pocas cosas más extrañas que la tranquilidad indiferente y engreída con la que nosotros, yo y mis semejantes, contemplamos el inicio de la revolución nazi en Alemania como si estuviéramos en el palco de un teatro, viendo un proceso cuyo objetivo, al fin y al cabo, era exactamente borrarnos de la faz de la tierra.
En este capítulo, Haffner aborda los prolegómenos de la revolución nacionalsocialista: los tres años de régimen presidencialista. Durante esta etapa, el presidente Paul von Hindenburg fue nombrando, de manera arbitraria, a los cancilleres del Reich. Esto marcó sin duda el principio del fin de la República, cuyas bases fueron desmontándose pieza a pieza.
En unas pocas páginas, se nos describe la etapa de Brüning en el poder. Éste hombre, aupado a la cancillería por el presidente Hindenburg –primer ensayo, el más duradero, de su experiencia presidencialista- resultó ser el único capaz de detener a Hitler en su camino hacia el poder. En definitiva, un personaje que, tratando de defender la República, la llevó a su final. Su destitución condujo a Alemania a una situación caótica que hacía inminente el asalto nacionalsocialista a la chancillería:
Según tengo entendido el régimen de Brüning fue el primer estudio y, por así decirlo, el modelo de una forma de gobierno imitada desde entonces en muchos países de Europa: una semidictadura ejercida en nombre de la democracia como defensa frente a una dictadura auténtica (…) Brüning no tenía verdaderos seguidores. Se le “toleraba”. Representaba un mal menor (…) parecía ser el único escudo frente a Hitler.


Mayo 24, 2009 at 10:47 pm
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