Segunda hoja de la Rosa Blanca
Julio 3, 2007
Transcribo a continuación el primero de los dos fragmentos que he seleccionado en la segunda hoja de la Rosa Blanca, organización muniquesa de estudiantes universitarios contrarios al régimen nacionalsocialista. En esta ocasión los autores resaltan dos aspectos del NSDAP: la utilización constante de la mentira, y su gran éxito a la hora de dividir a sus enemigos. En lo que se refiere a esta última cuestión, hemos de señalar que se encuentra también recogida en las memorias y diarios de otras personas que vivieron aquellos hechos. En concreto, Sebastian Haffner habla en Historia de un alemán de la “época de las desapariciones”. Los jóvenes de la Rosa Blanca ven necesario, fundamental, recuperar la conexión -”encontrarse mutuamente”- entre los grupos opuestos a Hitler para, al final, privarle del poder que desde enero de 1933 había ido concentrando.
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Con el nacionalsocialismo no se puede debatir intelectualmente, porque es anti-intelectual. Es erróneo hablar de la ideología nacionalsocialista, pues si esta existiera, habría que intentar demostrarla o combatirla con medios intelectuales. Pero la realidad nos muestra una imagen distinta: ya desde su primer germen, ese movimiento se construía sobre un fraude, ya desde entonces presentaba descomposición en su interior y sólo se podía salvar mediante la mentira continua. El mismo Hitler, en una edición temprana de su libro (un libro escrito en el peor alemán que jamás he leído; y sin embargo ha sido elevado al carácter de Biblia por el pueblo de los escritores y pensadores): “Es increíble cómo hay que engañar a un pueblo para gobernarlo”. Si, en sus comienzos, este cáncer del pueblo no se hizo notar demasiado, sólo fue porque aún había suficientes fuerzas capaces de contenerlo. Sin embargo, conforme fue creciendo y llegó al final al poder mediante una corrupción vil, se desató el cáncer y afectó a todo el cuerpo; la mayoría de los antiguos enemigos se ocultó, la inteligencia alemana se escondió bajo tierra para ahogarse paulatinamente, oculta a la luz del día.
Ahora lo importante es encontrarse mutuamente, informar uno a uno y no cejar hasta que el último se haya convencido de la necesidad de luchar contra ese sistema. Si, así, se extiende una oleada de protesta por el país, si “está en el ambiente”, si muchos colaboran, entonces será posible deshacerse de este sistema, con un último y potente esfuerzo. Un final espantoso es peor que un espanto sin fin.
No nos es dado emitir un juicio sobre el sentido de nuestra historia. Sin embargo, si queremos que la catástrofe sirva para el bien, sólo podrá serlo de este modo: siendo purificados por el sufrimiento, anhelando la luz en la noche más profunda, alzándose para ayudar por fin a quitarnos este yugo que está subyugando al mundo.
Bibliografía:
[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín - Madrid - LibrosLibres - 2006.
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Julio 4, 2007 at 1:45 pm
“Con el nacionalsocialismo no se puede debatir intelectualmente, porque es anti-intelectual.” Si esto es asì podrìa valer la frase “ser intolerante con los intolerantes”, es decir, las sociedades democràticas no deberìan permitir todos los partidos polìticos sino sòlo los democràticos. Sòlo pregunto tu opiniòn, y no señalo que sostenga o no la anterior idea.
saludos
Julio 5, 2007 at 3:38 pm
Profeballa, menudas preguntas que me haces; es un tema complicado. Yo de entrada no permitiría los partidos cuya ideología atente contra los derechos fundamentales de las personas.Partiendo de esa base se puede especular bastante.
La democracia es hoy el sistema político predominante; y, sin duda, el que mejor fama tiene. Sin embargo, pienso que no hemos de verlo como si de un dios se tratase. La democracia no es perfecta y eterna. Lo que si ha de ser eterno es ese respeto a los derechos de las personas. En concreto, el régimen nazi no cumplía este requisito; por lo tanto yo no permitiría ese tipo de partidos.
Podrían surgir grupos políticos antisistema que, respetando los derechos de las personas, defendiesen en su programa un cambio de sistema político o un revisionismo territorial del Estado. En mi opinión, si la democracia no quiere traicionar sus principios básicos, ha de permitir esos partidos. Si estando en el poder no respetasen los derechos fundamentales, perderían su legitimidad. Entonces los ciudadanos podrían dejar de reconocer a ese gobierno.
En España tenemos de los dos tipos: el antisistema que no respeta los derechos de las personas (ETA), y el antisistema -en tanto que exige una revisión territorial del Estado- que si lo hace (Partido Nacionalista Vasco, PNV).
En fin, hasta ahí llego yo. Aunque tal vez con más tiempo para pensarlo, o con ayuda de algún lector, pueda metizar bastante mi opinión.
Julio 6, 2007 at 1:43 pm
Aunque la pregunta va dirigida a Carlos ; sólo quisiera dejar una opinión.
El planteo de la Rosa Blanca cuando se refiere a que el nacionalsocialismo es anti intelectual; está marcando el límite de aceptación para un sistema.Si el nacionalsocialismo es la imposibilidad del raciocinio, está en el terreno de lo abyecto y ergo repudiable.
La democracia, creo, nunca se entiende como el mejor sistema; sino como el posiblemente menos malo.
Pero también tiene debilidades e incongruencias.
Dentro de un sistema de valores democrático, (Profeballa tú eres politólogo y lo sabes mejor que yo), el diálogo debe ser abierto; pero la participación en el juego es sólo para quienes aceptan sus reglas.Esto es coherente, lógico y saludable.
El problema surge cuando una fuerza que no acepta esas reglas de juego, quiere participar.
Si se le permite, se pone en riesgo el sistema, pues las actuaciones y medidas que tome ese grupo, pueden ser imitadas o contestadas por otros, con iguales derechos y similares métodos.
Pongamos por caso, que un partido de estos decide utilizar grupos de presión violenta (paramilitares) para el logro de sus objetivos (por medio de amenazas,etc.); la respuesta contraria (otro partido) puede ser similar y caeríamos de un espiral que se fagocitaría el sistema democrático.
Por eso la aceptación sólo debería ser para quienes tengan el mismo respeto por los valores esenciales de una democracia.
Estoy en un todo de acuerdo con Carlos que en el pináculo y como tamiz de todo, debemos situar el respeto por las libertades personales y ese es un concepto muy amplio y abarcativo; pero que expresa lo esencial de la dignidad de la persona.
Julio 6, 2007 at 10:34 pm
Simplemente mostrar mi acuerdo con lo que dice Daniel, aunque también me gustaría sabr que piensa de nuestras dos opiniones Profeballa. Al fin y al cabo, tú iniciaste el debate y, por lo que dice Daniel, eres politólogo ¡Qué más se puede pedir! Yo tan sólo soy politólogo en proyecto, aunque ya soy historiador.