La canción de Yann Tiersen que he elegido para este domingo es la misma que utilicé en su día para el video de Historia de un alemán. Es cierto que es un poco triste, pero me gusta mucho. Además, en esta ocasión el tema va acompañado de una animación bastante sugerente.

050.jpgEl 9 de mayo de 1950 Robert Schuman, ministro de exteriores galo, lanzaba a los Estados europeos una ambiciosa propuesta: la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Un año después seis países –Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo- firmaban este tratado en París, y elegían a otro francés, Jean Monnet, como Alta Autoridad de este organismo. La andadura europea comenzaba, y lo hacía con el impulso de una gran nación: Francia. Todo esto hubiera sido imposible sin el apoyo de los demás integrantes, pero el protagonismo francés parece claro. Es más, incluso si nos remontamos a la prehistoria de las Comunidades Europea tenemos que destacar a otro político de ese país, Aristide Briand, como impulsor del proyecto. Europa siempre –incluso actualmente- ha estado mirando a Francia, y su construcción como proceso integrador ha dependido bastante de la actitud de aquel país. Por esa razón, en estos más de cincuenta años, los franceses han tenido tanto la fuerza de dar grandes impulsos a Europa, como la capacidad de frenarla introduciendo en su seno procesos de crisis.

Una de las características más curiosas de los sucesivos rechazos del Estado francés a las directrices marcadas por Europa es que cada vez lo ha hecho de un modo distinto. Hemos visto como lo vetaban en la Asamblea Nacional –Comunidad Europea de Defensa (1954)-, como sus representantes abandonaban los organismos comunitarios –crisis de la “silla vacía” (1966)-, y como el pueblo soberano expresaba su oposición mediante el mecanismo del referéndum –Constitución Europea (2005)-. La otra característica a tener en cuenta es que, salvo en la crisis de 1966, el gobierno francés, favorable a la profundización en la integración, se encontró con la oposición institucional o popular. Resulta frecuente en todo este periplo histórico encontrarse con una Francia dividida; con un poder ejecutivo que no es respaldado en el momento adecuado por los diputados o el electorado. Read the rest of this entry »

Tras nuestro paso por el Imperio Austro-húngaro volvemos al frente occidental. En esta ocasión les ofrezco un breve video que recoge imágenes de una pieza de artillería utilizada en la batalla de Verdún. Recuerden que pueden ver también otros videos de la Gran Guerra pulsando en los siguientes enlaces:

- En memoria de los soldados austro-húngaros

- Soldados austro-húngaros en 1914

- Francisco José I en 1914

- Prisioneros rusos en la batalla de Tannenberg (1914)

- El milagro del Marne viajó en taxi

- Refugiados franceses en 1914

- Los alemanes en Bruselas (1914)

- La Gran Guerra en imágenes

- El káiser Guillermo II y sus generales en 1914

Este artículo pertenece a la serie de comentarios que he elaborado en torno a El pacto con el diablo, obra de Sebastian Haffner que analiza las relaciones germano-soviéticas entre las dos guerras mundiales. El contenido del escrito que presento a continuación se encuentra dentro del capítulo II: Brest-Litovsk.

“Para los alemanes la conferencia de Brest-Litovsk no sólo tenía por finalidad firmar rápidamente una paz (pues contaban con muy poco tiempo para efectuar la ofensiva decisiva en el oeste), sino también construir un poderoso imperio alemán con el este extirpado a Rusia. Si eso no era posible, la conferencia les parecería un fracaso. Y para los rusos, ésta no sólo debía servir para obtener la paz (que necesitaban), sino para hacer asimismo propaganda de la revolución, para proporcionar a la revolución alemana sus propios lemas”.En la conferencia de paz con Rusia el Imperio Alemán comenzó a andar el camino hacia uno de los pecados capitales que el propio Sebastian Haffner nos relata en una de sus obras. Los dirigentes germanos, como bien indica el autor, no sólo aspiraban a librarse del frente oriental tras una paz victoriosa con los bolcheviques. Alemania no se conformaba con volcar todo su potencial sobre Francia para, así, ganar la Gran Guerra. Quería levantar un gran imperio en el este: convertir buena parte de Rusia en su gran colonia. La falta capital alemana consistió en tratar de abarcar más de lo que podía; un pecado de ambición sin medida. Así, mientras sus ejércitos conquistaban grandes porciones de terreno a costa de una Rusia postrada, perdía la oportunidad de acabar con el frente occidental y, en consecuencia, con la guerra.

Alemania llegó a Brest-Litovsk con la firme postura de alcanzar la paz sólo si se aceptaban sus términos. Los representantes del II Reich no iban, pues, a una reunión entre iguales: se trataba de una relación entre vencedores y vencidos. Por esa razón, no estaban dispuestos a dejar pasar la oportunidad de ganar territorio a costa de los rusos; la paz, aún con algunas importantes compensaciones, no les valía. Por su parte, los bolcheviques viajaron a Brest-Litovsk con una idea muy distinta. Se veían como triunfadores, no de la guerra, pero si de la revolución. Estaban dispuestos a ceder ciertas cosas ante Alemania –desde luego, no tanto como esta pedía-, pero en el fondo se veían como vencedores. Necesitaban a toda costa que la maquinaria militar germana dejara de hostigarlos, pero estaban convencidos de que al final la revolución triunfaría. Es más, Alemania sería la primera gran escala de la misma. De ahí el valor propagandístico de la conferencia de paz al que alude Sebastian Haffner.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner - Barcelona - Destino - 2007.

[2] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner - Barcelona - Destino - 2006.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) - Barcelona - Ariel - 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson - Barcelona - Debate - 2007.

[5] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan - Barcelona - Crítica - 2004.

Sexta hoja de la Rosa Blanca II

Septiembre 17, 2007

Continuamos con el repaso de la sexta hoja de la Rosa Blanca, el último escrito que estos universitarios muniqueses lograron difundir entre los jóvenes alemanes. Este segundo fragmento mantiene las líneas esbozadas en el artículo anterior: rechazo de la formación educativa nacionalsocialista y de sus organizaciones juveniles que desde niños han sufrido, denuncia de los desastres acaecidos en el frente ruso, y exaltación de la individualidad de la persona atacada por la ideología nazi desde sus inicios.

Para leer el anterior artículo dedicado a la Rosa Blanca, pulsa aquí.

Para nosotros sólo hay un lema: ¡la lucha contra el partido! ¡Fuera de las formaciones del partido, en las que se nos quiere hacer callar políticamente! ¡Fuera de las aulas de los jefecillos de la SS y de los aduladores del partido! ¡Lo que nos importa es la verdadera ciencia y la auténtica libertad de espíritu! Ninguna amenaza nos puede atemorizar, ni tampoco que nos cierren nuestras universidades. Se trata de la lucha de cada uno de nosotros por nuestro futuro, nuestra libertad y nuestro honor en un Estado consciente de su responsabilidad moral.

¡Libertad y honor! Durante diez largos años, Hitler y sus compadres han exprimido hasta el hastío estas dos magníficas palabras alemanas, las han manido y tergiversado como sólo lo pueden hacer diletantes que echan a los cerdos los mayores valores de una nación. Lo que para ellos significan la libertad y el honor lo han demostrado suficientemente en diez años de destrucción de toda libertad material y espiritual, de toda la sustancia moral del pueblo. Hasta al alemán más torpe le ha abierto lo ojos la horrible carnicería que han causado en toda Europa en nombre de la libertad y el honor, y que causan de nuevo cada día. El nombre alemán permanecerá para siempre mancillado si la juventud alemana no se alza para vengar y expiar, al mismo tiempo; para aniquilar a sus opresores y construir una nueva Europa espiritual.

Estudiantes: ¡nos mira el pueblo alemán! De nosotros espera, como en 1813, cuando arrojó de sí el terror napoleónico, que del mismo modo arrojemos el terror nacionalsocialista en 1943. Beresina y Stalingrado se alzan en llamas en el Este; ¡los muertos de Stalingrado nos conjuran!

“Levántate, pueblo mío, los signos de las llamas humean”.

Nuestro pueblo se alza contra la esclavitud de Europa por parte del nacionalsocialismo, en una nueva victoria creyente de la libertad y del honor.

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín - Madrid - LibrosLibres - 2006.

Para leer el siguiente texto, pulsa aquí.