Rapallo
Enero 1, 2008
Nos adentramos en un nuevo capítulo de El pacto con el diablo, sobre él podrán leer los siguiente artículos: Radek como cerebro de Rapallo, El camino de Versalles a Rapallo, El fortalecimiento del bacilo soviético, Rathenau y la reinserción en Occidente, El diálogo entre los dos diablos, y Las razones soviéticas.
En 1922 se reunieron en Génova los representantes de las principales potencias europeas. El pretexto era solucionar los problemas generados por el sistema de Versalles –perfeccionar algunos flecos del mismo-; sin embargo, el fin último de la cumbre no era ese. Mediante hábiles maniobras, británicos y alemanes pretendían alcanzar un doble objetivo: la reinserción de Alemania en Occidente, y la integración de los soviéticos en el sistema capitalista dominante. Por un lado, se trataba de hacer más liviana -o incluso eliminar- la carga de las reparaciones alemanas. En definitiva, que dejase de ser deudora para pasar a colaborar de tú a tú con los vencedores de la Gran Guerra. Por el otro, se buscaba aislar a los soviéticos con el fin de obligarles a aceptar la intervención económica occidental en su territorio.
Sebastian Haffner nos narra en este capítulo como la falta de entendimiento, la desconfianza entre alemanes y británicos, llevó a que todo terminara con la firma de un tratado germano-soviético en la localidad italiana de Rapallo. La perspicacia de los bolcheviques, unida al peculiar modo de llevar las negociaciones por parte de Lloyd George y al recelo de varios miembros del gabinete Rathenau hacia los británicos, permitió desbaratar los planes occidentales para acabar con el socialismo ruso. Así lo expresa el autor al comienzo del capítulo:
“Rapallo sigue siendo hoy en día una palabra clave y un concepto fijo del lenguaje diplomático. Se trata de una fórmula cifrada que significa dos cosas: en primer lugar, que según las circunstancias una Rusia comunista y una Alemania anticomunista pueden reunirse y aliarse; en segundo lugar, que esto puede ocurrir súbitamente, literalmente de un día para otro. Este segundo significado ha convertido a Rapallo más que el primero en una palabra que infunde horror entre los occidentales, cuyo efecto de choque perdura”.
Bibliografía:
[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner - Barcelona - Destino - 2007.
[2] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) - Barcelona - Ariel - 2004.
[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson - Barcelona - Debate - 2007.
[4] Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión; José Ramón Díez Espinosa - Valladolid - Universidad - 1996.


Enero 2, 2008 at 1:49 pm
la desconfianza de los alemanes hacia lloyd george carlos creo que era absolutamente justificada despues del tratado de versailles y las reparaciones impuestas.
además la plataforma liberal en las elecciones luego del fin de la guerra del tipo “ahorquemos al kaiser”, “que alemania pague” o “exprimir al limón hasta que se oiga crujir a las pepitas” me parecen también bastante elocuentes en tal sentido.
muy interesante el punto acerca de la primer “entente” soviético-alemana y las conclusiones sobre la misma.-
Enero 7, 2008 at 12:35 pm
Siento la tardanza en mi contestación, Hugo, pero he estado fuera unos días, y cuando me marcho de casa procuro desconectarme de todo tipo de ordenadores, redes, blogs o similares. Pienso que aciertas en muchos puntos de tu comentario. Sin embargo, y con esto adelanto futuros artículos sobre este libro, hay que entender que en Alemania convivían dos sentimientos: el proccidental y el antioccidental. La actitud de británicos y franceses tras la Gran Guerra y durante buena parte de los años veinte dio alas al segundo grupo. No obstante, muchos políticos alemanes creían firmemente que el sitio de su país estaba en occidente. Rathenau era uno de ellos.
Al final las cosas no salieron; Rapallo acercó todavía más a Alemania al mundo oriental ¿Qué hubiera pasado si el plan de Lloyd George hubiera salido adelante? No lo sabemos, pero seguramente Alemania habría ocupado en Europa un lugar similar a que tiene actualmente. De todas formas, no hemos de olvidar que Rapallo no fue la última oportunidad alemana para subirse al tren occidental; a lo largo de los años veinte (hasta la crisis de 1929), a Alemania se le fueron abriendo nuevas puertas que no terminó de aprovechar. Todo esto lo iremos viendo en posteriores artículos.
Gracias por tu comentario.