Este artículo se inserta dentro del conjunto de recopilaciones que estoy haciendo en torno a los diarios de Viktor Kemplerer. Para leer el artículo anterior pulsa aquí.

Dember está excedente “hasta nueva orden”. En el tablón de anuncios, un comunicado de la federación de estudiantes –“Un profesor judío falta a su palabra”- lo pone “en la picota del estudiantado” por haber tomado exámenes contra la palabra dada. Él dice que nunca había prometido tal cosa. Lo expulsan porque obtuvo la cátedra a través del ministerio, contra la voluntad del rector y del senado. Kafka, Holldack (50%), en peligro, Gehrig, en su calidad de demócrata, en peligro, Wilbrandt, socialista, se marcha. – A Baeumler le ofrecen en Berlín, adonde se marchó Spranger, una cátedra de pedagogía política. Por otra parte, Annemarie Köhler me dice al teléfono que Georg ha tenido que dejarlo todo. (Con la familia he perdido toda conexión; nadie me escribe).

Mañana, “fiesta del trabajo”. El Stahlhelm bajo las órdenes directas de Hitler, Hugenberg hundido. Tengo la clara impresión de que la catástrofe ya no puede tardar (…)

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer - Barcelona - Galaxia Gutenberg - 2003.

Para leer el siguiente escrito de este intelectual judío, pulsa aquí.

Este artículo pertenece a la serie de comentarios que he elaborado en torno a El pacto con el diablo, obra de Sebastian Haffner que analiza las relaciones germano-soviéticas entre las dos guerras mundiales. El contenido del escrito que presento a continuación se encuentra dentro del capítulo VI: El ejército alemán y el Ejército Rojo.

Se suele decir que la consolidación del régimen nacionalsocialista en la Alemania de entreguerras fue posible gracias a la división existente en el seno de la izquierda; más en concreto entre socialdemócratas (SPD) y comunistas (KPD). Sebastián Haffner llega a afirmar en varias de sus obras que, aunque la facilitó, esa falta de entendimiento no la hubiera evitado la labor de Adolf Hitler. El propio autor llega a plantearse en su obra el porqué de la fobia de Stalin hacia el SPD, a los que tachaba de socialfascistas. La respuesta a esta pregunta es sencilla a la luz del artículo anterior. No obstante, tal vez el siguiente texto de Sebastián Haffner sea todavía más esclarecedor:

“Desde el punto de vista de Stalin, una subida al poder de Hitler, si llegaba, tampoco cambiaría nada; los nazis eran para él un partido capitalista como cualquier otro; pronto se darían cuenta de quién les convenía realmente. El único incordio eran los socialdemócratas, con su eterna fobia a los rusos y su eterna tendencia hacia Occidente”.

Tras leer este fragmento, se entiende mejor el porqué de la actitud soviética. El nacionalsocialismo no era más que otro partido capitalista de carácter conservador alemán. Y la Unión Soviética, desde los primeros momentos, había colaborado con este tipo de grupos de manera eficaz y rentable. El problema para Stalin eran los socialdemócratas; con ellos nunca había conseguido pactar nada. Pronto se dio cuenta de su error: Adolf Hitler no era ni conservador ni capitalista.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner - Barcelona - Destino - 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner - Galaxia Gutenberg - Barcelona - 2002.

[3] La revolución alemana de 1918-1919; Sebastian Haffner - Inédita - Barcelona - 2005.

[4] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) - Barcelona - Ariel - 2004.

[5] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson - Barcelona - Debate - 2007.

Este artículo está dentro de una serie de textos que estoy escribiendo sobre la Gran Guerra; para leer el escrito anterior, pulsa aquí.

En la guerra psicológica y publicitaria que venimos describiendo jugó un papel importante la música, bien fuera pacifista o belicista. A continuación veremos algunos ejemplos anglosajones, que fueron sin duda los que más repercusión tuvieron:

It’s a Long Way to Tipperary

Up to mighty London came
An Irish lad one day,
All the streets were paved with gold,
So everyone was gay!
Singing songs of Piccadilly,
Strand, and Leicester Square,
‘Til Paddy got excited and
He shouted to them there:

It’s a long way to Tipperary,
It’s a long way to go.
It’s a long way to Tipperary
To the sweetest girl I know!
Goodbye Piccadilly,
Farewell Leicester Square!
It’s a long long way to Tipperary,
But my heart’s right there.

Paddy wrote a letter
To his Irish Molly O’,
Saying, “Should you not receive it,
Write and let me know!
If I make mistakes in “spelling”,
Molly dear”, said he,
“Remember it’s the pen, that’s bad,
Don’t lay the blame on me”.

It’s a long way to Tipperary,
It’s a long way to go.
It’s a long way to Tipperary
To the sweetest girl I know!
Goodbye Piccadilly,
Farewell Leicester Square,
It’s a long long way to Tipperary,
But my heart’s right there.

Molly wrote a neat reply
To Irish Paddy O’,
Saying, “Mike Maloney wants
To marry me, and so
Leave the Strand and Piccadilly,
Or you’ll be to blame,
For love has fairly drove me silly,
Hoping you’re the same!”

It’s a long way to Tipperary,
It’s a long way to go.
It’s a long way to Tipperary
To the sweetest girl I know!
Goodbye Piccadilly,
Farewell Leicester Square,
It’s a long long way to Tipperary,
But my heart’s right there.

Extra wartime verse

That’s the wrong way to tickle Mary,
That’s the wrong way to kiss!
Don’t you know that over here, lad,
They like it best like this!
Hooray pour le Francais!
Farewell, Angleterre!
We didn’t know the way to tickle Mary,
But we learned how, over there!

“I Didn’t Raise My Boy to be a Soldier”

Ten million soldiers to the war have gone
Who may never return again;
Ten million mothers’ hearts must break
For the ones who died in vain–
Head bowed down in sorrow, in her lonely years,
I heard a mother murmur thro’ her tears:

Chorus
“I didn’t raise my boy to be a soldier,
I brought him up to be my pride and joy.
Who dares to place a musket on his shoulder,
To shoot some other mother’s darling boy?”
Let nations arbitrate their future trouble,
It’s time to lay the sword and gun away.
There’d be no war today
If mothers all would say,
“I didn’t raise my boy to be a soldier.”

What victory can cheer a mother’s heart,
When she looks at her blighted home?
What victory can bring her back
All she cares to call her own?
Let each mother’s answer in the years to be,
“Remember that my boy belongs to me.”
Chorus

Over There

Johnnie, get your gun,
Get your gun, get your gun,
Take it on the run,
On the run, on the run.
Hear them calling, you and me,
Every son of liberty.
Hurry right away,
No delay, no delay,
Make your daddy glad
To have had such a lad.
Tell your sweetheart not pine,
To be proud her boy’s in line.

Chorus

Over there, over there,
Send the word, send the word over there–
That the Yanks are coming,

The Yanks are coming,

The drums rum-tumming
Ev’rywhere.
So prepare, say a pray’r,
Send the word, send the word to beware.
We’ll be over, we’re coming over,
And we won’t come back till it’s over
Over there.

Johnnie, get your gun,
Get your gun, get your gun,
Johnnie show the Hun
Who’s a son of a gun.
Hoist the flag and let her fly,
Yankee Doodle do or die.
Pack your little kit,
Show your grit, do your bit.
Yankee Doodle fill the ranks,
From the towns and the tanks.
Make your mother proud of you,
And the old Red, White and Blue.

(repeat chorus twice)

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) - Barcelona - Ariel - 2004.

[2] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner - Barcelona - Destino - 2006.

[3] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan - Barcelona - Crítica - 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson - Barcelona - Debate - 2007.

Para leer el siguiente artículo dedicado a La Gran Guerra, pulsa aquí.

Este artículo pertenece a la serie de comentarios que he elaborado en torno a El pacto con el diablo, obra de Sebastian Haffner que analiza las relaciones germano-soviéticas entre las dos guerras mundiales. El contenido del escrito que presento a continuación se encuentra dentro del capítulo VI: El ejército alemán y el Ejército Rojo.

“Stalin ya no necesitaba una revolución comunista alemana; lo que necesitaba de Alemania se lo proporcionaba igualmente su acuerdo con la Alemania conservadora. Sólo debería preocuparse en el caso de que ese acuerdo se rompiera si en Alemania volvieran al poder los pro-occidentales, es decir, los socialdemócratas”.

El fracaso del Partido Comunista Alemán (KPD) en su labor revolucionaria de postguerra no supuso un gran contratiempo para el régimen soviético. Es más, se diluyo cuando Stalin promulgó la revolución socialista en un solo país. Esto no significó que los bolcheviques hubieran perdido su interés por Alemania. Simplemente hubo un cambio en el mismo: de bandera del socialismo mundial pasaba a ser fuente de ayudas y recursos para el socialismo ruso.

Los soviéticos se dieron cuenta bien pronto de que, con un gobierno conservador en Alemania, podían lograr los mismos resultados que con uno comunista. La experiencia de Karl Radek les aseguraba que el odio alemán a Versalles era lo suficientemente profundo como para acercarlos irremediablemente a Rusia. Sólo existía un problema: la posibilidad de que la República de Weimar fuese gobernada por un grupo político pro-occidental. Es decir, los socialdemócratas. Ellos fueron los que, en el Reichstag de 1926, denunciaron la colaboración militar con la Unión Soviética. No es de extrañar que entre los comunistas se les denominase socialfascistas.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner - Barcelona - Destino - 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner - Galaxia Gutenberg - Barcelona - 2002.

[3] La revolución alemana de 1918-1919; Sebastian Haffner - Inédita - Barcelona - 2005.

[4] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) - Barcelona - Ariel - 2004.

[5] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson - Barcelona - Debate - 2007.

Este artículo se inserta dentro del conjunto de recopilaciones que estoy haciendo en torno a los diarios de Viktor Kemplerer. Para leer el artículo anterior pulsa aquí.

(…) Anoche vinieron a casa la señora Schaps y los blumenfeld, anteayer, los Wieghardt, el sábado fuimos nosotros a casa de los Köhler del ferrocarril, y los jóvenes nos acompañaron a casa hacia la una de la madrugada. Por todas partes las mismas conversaciones.

En la TH, ahora quien más peligro corre es Dember, que les fue impuesto por la fuerza por el ministerio Fleissner. Sufre muchísimo. Una circular pedía a todos los no arios que salieran de todas las comisiones y que dejaran de examinar. Dios sabe cómo se podrá llevar eso a la práctica. En nuestra TH son no arios Holldack (por la madre), Kafka (por el padre)… En Kiel los estudiantes han puesto en el índice de obras no alemanas de los profesores que han tenido hasta ahora y que no aceptan. Entre ellos, Kroner, alemán cien por cien, y Otto Kemplerer, físico, el hijo mayor de Georg. Aquí parece que va a suceder algo parecido. El ministro prusiano de Instrucción Pública ha ordenado que se haga lo posible –lo decide el consejo de evaluación- para que los alumnos suspensos que han de repetir curso, si pertenecen al movimiento hitleriano, reciban el aprobado. –Anuncio en la Casa del Estudiante (algo parecido en todas las universidades): “Cuando el judío escribe alemán, miente”, sólo se le permite escribir en hebreo. Los libros judíos en lengua alemana tienen que ser calificados de “traducciones”. –Sólo anoto lo más monstruoso, sólo fragmentos de la demencia en que estamos inmersos todo este tiempo. –Ya se lo he oído decir al joven Köhler, cristiano y nacional de pies a cabeza: nos liberarán los franceses. Y yo creo realmente que vendrán pronto y que serán recibidos por muchos, incluso por “arios”, como libertadores.

En medio de todo esto, en Dölzchen están terminando nuestra cerca, nosotros seguimos con nuestros planes; pero es completamente imposible pensar en llegar a tener una verdadera vivienda, no tenemos ni dinero ni posibilidades de financiación. Realmente no veo salida. También en este punto vamos derechos a la catástrofe. Hemos comprado herramientas de jardín y árboles; hoy vamos a subir a cavar el terreno.

(…) El futuro del movimiento hitleriano depende sin duda alguna de la cuestión judía. No comprendo por qué han dado a ese punto del programa una posición tan central. Los llevará a la catástrofe. Pero probablemente a nosotros también.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer - Barcelona - Galaxia Gutenberg - 2003.

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