Este artículo está dentro de una serie de textos que estoy escribiendo sobre la Gran Guerra; para leer el escrito anterior, pulsa aquí.
El conflicto, y fundamentalmente la duración del mismo, favorecio el desarrollo de las innovaciones en el campo de la guerra. Sin embargo, es necesario distinguir, para entender esos avances, entre los dos tipos de guerras que se estaban desarrollando:
- Guerra tecnológica: se desarrollaron nuevas formas y técnicas de combate, entre las que destacaron la utilización del camuflaje y de los gases, y la invención de los submarinos y los tanques.
- Guerra psicológica: la propaganda adquirió durante este conflicto un papel del que hasta ese momento nunca había disfrutado. Los métodos propagandísticos, como medios de unión entre el frente y la retaguardia, pasaron a invadir todos los ámbitos de la vida cotidiana de los ciudadanos de las potencias beligerantes y neutrales. Se trató, pues, de lograr atacar al enemigo y contrarrestar al mismo tiempo los efectos de su propaganda; pero también de dar moral al ejército y al pueblo, evitando, a ser posible, la aparición de movimientos contrarios a la guerra. Volvamos otra vez sobre la obra de Stefan Zweig para hallar algún ejemplo de esa propaganda:
(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “…las historias sobre ojos vaciados y manos cortadas, que en todas las guerras comienzan a circular puntualmente al tercer o cuarto día, llenaban los periódicos. Ah, los ignorantes que difundían tales mentiras no sabían que la técnica de culpar a los soldados enemigos de todas las crueldades imaginables forma parte del material bélico tanto como la munición y los aviones…”
También podemos encontrar algunos de esos elementos propagandísticos en la infantil visión de las relaciones internacionales que nos presenta Sebastian Haffner:
(Sebastian Haffner, Historia de un alemán) “Un niño de siete años como yo (…) supo enseguida no sólo el qué, cómo y dónde de la guerra, sino incluso el porqué: supe que la culpa de todo la tenían el ansia revanchista de Francia, el afán de protagonismo de Inglaterra y la brutalidad de Rusia (…) Pedí que me enseñaran el mapa de Europa, con solo un vistazo supe que “nosotros” probablemente acabaríamos con Francia e Inglaterra, pero experimenté un sordo sobresalto al ver el tamaño de Rusia, si bien acepté el consuelo de que los rusos compensaban su aterrador número con una estupidez y depravación increíbles…”
Como todos los alemanes, el protagonista de esta obra se vio afectado por la propaganda de guerra. Descubrimos por medio de sus palabras los prejuicios más habituales de los ciudadanos del II Reich: el revanchismo francés, el afán de protagonismo inglés, y la estupidez de los rusos. Es, pues, un claro ejemplo de cómo la propaganda influyó en el pensamiento de las personas, y un testimonio de gran valor, ya que así conocemos en que dirección iba esa labor propagandística: defender la superioridad del pueblo alemán y su inocencia ante el estallido de un conflicto impuesto desde fuera.
Además, también se muestra en ésta obra la complicada situación geoestratégica en la que se encontró la nación alemana a lo largo del conflicto: entre dos frentes. Sin embargo, por encima de todo hay que destacar la ya citada invasión, por parte de la Guerra, de la vida cotidiana de los individuos y las familias. Los alemanes, bien por medio de una prensa cada vez más desarrollada, o por las carencias propias del contexto bélico en que se encontraban, vivieron el conflicto con una cercanía no experimentada hasta entonces en ninguna guerra anterior.
Bibliografía:
[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.
[2] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.
[3] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.
[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.
[5] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.
[6] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.
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