Este artículo está dentro de una serie de textos que estoy escribiendo sobre la Gran Guerra; para leer el escrito anterior, pulsa aquí.

Durante el periodo bélico los Estado, a causa de las exigencias de la guerra, pasaron a invadir numerosos ámbitos de gestión que hasta el momento, en consonancia con la doctrina liberal, le estaban vetados. La supeditación de todos los demás fines a la victoria en el conflicto contribuyó a un claro reforzamiento del poder ejecutivo y a la aparición de las llamadas “dictaduras de guerra”. Así reflejaba esta omnipresencia del Estado H. Hesse en Si la guerra dura dos años más, un escrito publicado en 1917

(H. Hesse, Si la guerra dura dos años más) “Usted bien sabe que hay guerra ¡Guerra en el mundo entero! Pues esto es lo que sostenemos. Para ello promulgamos leyes, y para ello hacemos todos los sacrificios ¡Por la guerra! Sin estos tremendos esfuerzos y sin un rendimiento aumentado de todos, los ejércitos no podrían permanecer en el frente ni una semana más ¡Morirían de hambre! ¡Sería espantoso! Así pues ¡la guerra es lo único que tenemos! El placer y las ganancias personales, la ambición social, la avidez, el amor, el trabajo intelectual… todo eso ya no existe. Únicamente a la guerra debemos que aún haya en el mundo cosas como el orden, las leyes, pensamientos, espíritu…”

La guerra, pues, lo llenaba todo: todo estaba condicionado por la consecución de la victoria final. De esta manera, el sistema se veía constantemente adulterado a causa del objetivo último, de aquella locura en la que medio mundo se embarcó durante cuatro largos años; una locura que, como más tarde se demostró, iba a tener consecuencias irremediables: la imposible vuelta al mundo anterior a 1914.

De esta manera, el Estado fue asumiendo, poco a poco y en contra de las leyes del liberalismo, el papel del mercado. A esto se unieron las políticas proteccionistas de las distintas potencias y la aparición de un amplio código normativo que trataba de reglamentar todo. La financiación del conflicto se llevo a cabo a través de dos procedimientos:

- La inmensa mayoría por medio de créditos, lo que propició que la deuda pública se multiplicara en algunos países por cinco a lo largo de ese periodo.

- Un mínima parte a través de la fiscalidad.

Además, también se procedió a la emisión masiva de moneda, lo que desembocó en un importante problema inflacionista que acompañó a los combatientes durante la parte final del conflicto y los primeros años de posguerra. Por lo tanto, en las potencias beligerantes se asistió a un doble proceso: la adopción por parte de los estados del papel protagónico y la degradación del sistema económico.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[5] Si la guerra dura dos años más; Hemann Hesse.

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