Este artículo está dentro de una serie de textos que estoy escribiendo sobre la Gran Guerra; para leer el escrito anterior, pulsa aquí.

La crisis diplomática del verano de 1914, provocada por el asesinato del Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo a manos de un nacionalista serbio el 28 de junio de ese mismo año, fue la causa inmediata del comienzo de la Gran Guerra. Así narra Stefan Zweig las repercusiones del atentado en Viena:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “Unas semanas más y el nombre y la figura de Francisco Fernando habrían desaparecido para siempre de la Historia. Pero luego, aproximadamente al cabo de una semana, de repente empezó a aparecer en los periódicos una serie de escaramuzas, en un crescendo demasiado simultáneo para ser del todo casual. Se acusaba al gobierno serbio de anuencia con el atentado y se insinuaba con medias palabras que Austria no podía dejar impune el asesinato de su príncipe heredero, al parecer tan querido. Era imposible sustraerse a la impresión de que se estaba preparando algún tipo de acción a través de los periódicos, pero nadie pensaba en la guerra”.

A estos hechos, tras un breve periodo de calma –señalado ya por el intelectual austríaco-, siguió un enrarecimiento del ambiente y un ultimátum presentado por los austrohúngaros al gobierno de Belgrado. La negativa de los serbios a someterse a unas condiciones que creían inaceptables dejó las manos libres a Austria para bombardear la capital serbia el 28 de julio. Fue entonces cuando se vieron claramente las consecuencias del complejo sistema de alianzas que entrelazaba a los distintos países europeos: a la guerra en la que estaban inmersas Austria y Serbia se sumaron en los días posteriores Rusia, Alemania, Francia e Inglaterra. Ese ajetreo diplomático es el que en El mundo de ayer nos continúa describiendo Stefan Zweig:

“Pero las malas noticias se iban acumulando y cada vez eran más amenazadoras. Primero el ultimátum de Austria a Serbia, después la respuesta evasiva, los telegramas entre monarcas y, al final, las movilizaciones ya apenas disimuladas”.

Como ya hemos indicado más arriba, el mecanismo de las alianzas entró en funcionamiento después de que Austria declarase la guerra a Serbia: Rusia se movilizó para ayudar a los serbios; mientras que el 1 de agosto Alemania declaró la guerra a los rusos con el fin de respaldar a Austria-Hungría. Francia, que estaba comprometida con Rusia, extendió la guerra al frente occidental el 3 de agosto. Al día siguiente, los ejércitos alemanes invadieron Bélgica, acto que llevó a los británicos a declarar la guerra a Alemania.

De esta manera, las grandes potencias, que llevaban décadas sin protagonizar grandes enfrentamientos entre sí, se prepararon para una guerra a la que, según aseguraban unos y otros, habían sido empujados…

(Canciller Bethmann Hollweg, discurso ante el Reichstag en 1914) “Durante cuarenta y cuatro años, desde la época en que luchamos por ganar el Imperio alemán y acceder a nuestra posición en el mundo, hemos vivido en paz y protegido la paz de Europa. En la búsqueda de la paz hemos sido firmes y poderosos, lo que ha despertado la envidia de otros. Con paciencia nos hemos enfrentado al hecho de que, bajo el pretexto de que Alemania deseaba la guerra, se haya despertado la enemistad contra nosotros tanto en el Este como en el Oeste, y se hayan forjado nuestras cadenas. El viento entonces esparcido ha terminado ahora por desencadenar el torbellino (…) ha llegado el momento en que debemos hacerlo, contra nuestro deseo, y a pesar de nuestros sinceros esfuerzos. Rusia ha prendido fuego al edificio. Estamos en guerra con Rusia y Francia, una guerra a la que se nos ha forzado”.

…y así también lo creían los ciudadanos de las distintas naciones contendientes:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “…un gran respeto hacia los “superiores”, los ministros, los diplomáticos y hacia su juicio y honradez, animaba todavía al hombre de la calle. Si había guerra, por la fuerza tenía que ser contra la voluntad de sus gobernantes; ellos no podían tener la culpa, nadie del país la tenía. Por lo tanto, los criminales, los instigadores de la guerra tenían que ser de otro país; era legítima defensa alzarse en armas…”

Los dirigentes de los países beligerantes comenzaron a lanzarse mutuamente acusaciones: cada uno culpó al contrario del estallido del conflicto. Desde los gobiernos se afirmó que la entrada en la guerra era simplemente una medida defensiva, que habían sido sus enemigos los que les habían forzado a luchar, que ellos no deseaban el conflicto. Cada cual utilizó los medios propagandísticos de los que disponía para defender su postura y atacar a sus rivales. Y esa constante propaganda acabó por calar en esa crédula población descrita por Stefan Zweig, que respaldó unánimemente las decisiones de sus dirigentes.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) - Barcelona - Ariel - 2004.

[2] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner - Barcelona - Destino - 2006.

[3] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan - Barcelona - Crítica - 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson - Barcelona - Debate - 2007.

[5] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig - Barcelona - El Acantilado - 2002.

Para leer el siguiente artículo dedicado a La Gran Guerra, pulsa aquí.

2 Responses to “Causas de la Guerra I: Causa inmediata”

  1. hugo perini Says:

    “…austria no podía dejar impune el asesinato de su príncipe heredero, al parecer tan querido…”

    ha trascendido carlos que cuando francisco josé se enteró de la noticia, dijo: “quien lo mandó a meterse ahí…”

    “…los ejércitos alemanes invadieron bélgica, acto que llevó a los británicos a declarar la guerra a alemania…”

    lo que indujo a inglaterra a actuar fue que alemanía reconocía la neutralidad de bélgica, acuerdo que luego de la invasión el canciller alemán bethmann señaló que no era má que un trozo de papel cualquiera: “un chiffon de papier” la invasión alemana se hizo para sorprender a francia en su retaguardia, ya que por su comentada neutralidad francia no tenía fortificaciones en la frontera con ese país, como si las tenía con alemania.-

  2. Carlos Says:

    Es cierto que a las autoridades imperiales austriacas poco les importaba ese asesinato. Sin embargo, teniendo en cuenta el peso que en esa época se daba al prestigio nacional, se entiende la actitud de Austria. En otro periodo de la Historia la muerte de Francisco Fernando no hubiera tenido consecuencias, pero, en pleno auge del nacionalismo, fue fatal. Además, detrás de todo estaba también el deseo, por parte de muchos gobernantes, de llegar a una contienda. El asesinato de Sarajevo fue una escusa perfecta para todos.

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