Este artículo está dentro de una serie de textos que estoy escribiendo sobre el periodo de entreguerras; para leer el escrito anterior, pulsa aquí.

La crisis tuvo como primera consecuencia el aumento del índice de paro, que en pocos años se disparó en todos los países occidentales. La pobreza, las colas para conseguir empleo, los barrios marginales… todo eso se fue generalizando según avanzaba la crisis; cada vez era mayor el número de desempleados y, por tanto, también se incrementaban estas manifestaciones. Aquellos que perdían su empleo se encontraban casi irremediablemente condenados a la pobreza, ya que en la mayoría los estados no existían sistemas de protección, y en los pocos donde si había éste se encontraba desbordado.

Ésta situación, la pobreza y la impotencia, tuvo también su reflejo en el arte y en el entretenimiento. Los problemas del momento se llevaron al cine, desde donde muchos cineastas trataban de aportar sus soluciones. Éste fue por ejemplo el caso de King Vidor que en Our daily bread proponía un regreso al medio rural para vivir de la agricultura. Sin embargo, tal como se narra en El camino del tabaco (E. Caldwell) y en Las uvas de la ira (J. Steinbeck), la situación de la mayoría agricultores era más bien ruinosa. También surgieron canciones hablando de la crisis, como la siguiente:

Brother, Can You Spare a Dime? by Rudy Vallee (1932)

“They used to tell me I was building a dream / And so I followed the mob / When there was earth to plow or guns to bear / I was always there, right on the job / They used to tell me I was building a dream / With peace and glory ahead / Why should I be standing in line / Just waiting for bread? / Once I built a railroad, made it run / Made it race against time / Once I built a railroad, now it’s done / Brother can you spare a dime? / Once I built a tower to the sun / Brick and rivet and lime / Once I built a tower, now it’s done / Brother can you spare a dime? / Once in khaki suits, gee we looked swell / Full of that yankee doodle dum / Half a million boots went sloggin’ through hell / And I was the kid with a drum / Say, Don’t you remember they called me Al? / It was Al all the time / Say, don’t you remember, I’m your pal / Buddy can you spare a dime?”

De esta manera, no es de extrañar que aumentara notablemente el número de vagabundos, personas que recorrían el país en busca de comida y trabajo. Éste es el caso de los hobos que protagonizan El emperador del norte.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[3] El periodo de entreguerras en Europa; Martin Kitchen – Madrid – Alianza Editorial – 1992.

[4] Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 1996.

[5] Las uvas de la ira; John Steinbeck – Madrid – Cátedra – 1995.

Para leer el siguiente artículo dedicado al mundo de entreguerras, pulsa aquí.

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