index7.jpgCon el fin de continuar nuestra reflexión en torno al 1956 de Hungría, he seleccionado este artículo del diario “La Vanguardia”. En él Stephen Vizinczey, escritor húngaro autor de “En brazos de la mujer madura”, reflexiona sobre la identidad de su pueblo y rememora aquellos días de revuelta ante el régimen prosoviético que, justo medio siglo después, tienen como reflejo las movilizaciones contra el actual gobierno de una nueva generación de húngaros.

“Mientras la Unión Soviética fue una de las dos superpotencias y oprimió de forma implacable los países que ocupaba, la gran pregunta sobre la revolución húngara de 1956 solía ser: ¿cómo iba a rebelarse contra ella ese pequeño país? Bien, para empezar, sabíamos que la Unión Soviética se derrumbaría. La nación húngara fue un pueblo sometido al Imperio otomano (1525-1700), época durante la cual la mitad de la población murió de hambre o peste, se secuestró a los niños para educarlos como los jenízaros de Alá. A pesar de todo, Hungría todavía existe, ¿y dónde está el Imperio otomano? Sobrevivimos a los codiciosos y asesinos Habsburgos, al Tercer Reich. La historia de su derrota y supervivencia es una especie de religión, como lo es con los judíos; nuestras cabezas están llenas de calamidades que no lograron destruirnos. Los ciudadanos de los países poderosos suelen creer que el poder es eterno y que las victorias son para siempre, pero los húngaros centran su pensamiento en la decadencia del poder, en la inevitable caída de los vencedores y el resurgimiento de los vencidos. Lee el resto de esta entrada »

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