Retrato de János Kádár

junio 8, 2007

En 1956 “The New York Times” publicó un artículo sobre János Kádar. Aquí tienen algunos fragmentos del mismo:

(…) conoce bien el terror, pues ha sido alternativamente un carcelero de los anticomunistas y una víctima de los carceleros comunistas. Es un hombre al que durante cinco años ha movido una sola pasión: la de destruir a Mátyás Rákosi, el jefe del Partido Comunista Húngaro, que lo encerró en la cárcel en abril de 1951 (…). Fue la fuerza de esa pasión la que permitió al señor Kádár sobrevivir a la depuración y luego reaparecer con la mente y el cuerpo tan acerados que al cabo de tres años ha arrojado a su enemigo al destierro y ha conquistado para sí mismo el poder (…).

La medida del hombre la de la habilidad con que el señor Kádár se elevó desde preso hasta jefe del Partido. Cuando lo pusieron en libertad (…) después de tres años de prisión, le dieron un puesto relativamente poco importante como jefe del Partido en el XIII distrito de Budapest, zona de fábricas y residencia de obreros. En ese distrito construyó su propia maquinaria de poder y su influencia y prestigio se extendieron pronto a todas partes.

Hay ironía y justicia en la aparición del señor Kádár en ese momento crítico en que los comunistas húngaros buscaban un símbolo del comunismo nacional para aplacar a los rebeldes del país. Él era, después de todo, el Ministro del Interior y el jefe de la policía política en 1949, cuando László Rajk, uno de los dirigentes comunistas húngaros, fue procesado y ejecutado bajo la acusación de comunismo nacional y titoísmo. Pero ese factor de su carrera está más que contrapesado por su encarcelamiento (…).

János Kádár es un comunista autóctono auténtico, y no un hombre que ha vivido gran parte de su vida en Moscú y ha sido adiestrado allí como el señor Rákosi (…) e Imre Nagy. A los 44 años de edad representa a una generación de comunistas nueva y más joven. Nació en un pueblo limítrofe con la frontera yugoslava y de joven fue cerrajero. Un ligero acento alemán en su habla refleja la mezcla de población suaba y húngara de su pueblo natal.

Fue gracias a los sindicatos obreros como el señor Kádár llegó a ser miembro del movimiento ilegal de la juventud comunista en la década de 1930, y alcanzó la madurez política gracias a las duras condiciones del trabajo clandestino y durante la Segunda Guerra Mundial. No ha olvidado que en esos años difíciles sus mayores contaban con el consuelo relativo de Moscú.

Hasta sus adversarios anticomunistas lo consideran un orador eficaz. (Según uno de éstos) “su completa sinceridad, su creencia total en lo que dice se evidencia en sus discursos” (…).

Al señor Kádár se le considera un “hombre duro”. Como subjefe de la policía de Budapest inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, y luego como Ministro del Interior, no mostró misericordia con sus adversarios del comunismo en Hungría (…). Pero después de esta experiencia en la cárcel, y fuera de ella, durante los últimos cinco años, puede sentirse impulsado a mostrarse duro con los rusos y con los húngaros por igual.

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