Este artículo se inserta dentro del conjunto de recopilaciones que estoy haciendo en torno a los diarios de Viktor Kemplerer. Para leer el artículo anterior pulsa aquí.

Tras un largo intervalo, en el cine: Hindenburg, el 12 de marzo –domingo de los caídos en la guerra- pasa revista a las tropas y a los de la cruz gamada. Cuando lo vi hace cosa de un año en el noticiario, el presidente bajaba las escaleras del Reichstag algo envarado, con la mano en la muñeca del acompañante, pero muy firme y a buen paso: un hombre viejo pero lleno de fuerza. Hoy: los pasos diminutos, laboriosos, de un paralítico. Ahora lo veo todo claro: así caminaba papá desde el derrame cerebral en la Navidad de 1911 hasta su muerte el 12 de febrero de 1912. Entre ambas fechas ya no le funcionó la cabeza. (¡El periódico que leía poniéndolo del revés!) Ahora tengo la absoluta seguridad de que Hindenburg no es más que un títere, que ya el 30 de enero le llevaron la mano.

Cada disposición gubernamental, cada noticia, etc., es aún más ominosa que la anterior. En Dresde, una oficina para combatir el bolchevismo. Discreción garantizada, recompensa por informes importantes. En Breslau, prohibición a los abogado judíos de personarse en la audiencia. En Múnich, burdísima simulación de un atentado frustrado y, acto seguido, amenaza de “enorme pogromo” caso de que haya un solo disparo. Etc., etc. Y los periódicos agachan la cabeza. El Dresdner NN se deshace en alabanzas al gobierno: que Hitler en su calidad de “estadista” siempre había estado en pro de la revisión de los tratados de paz.

Goebbels, ministro de Publicidad. Mañana, la “ceremonia de Estado del 21 de marzo”. ¡A lo mejor crean un emperador! La Platz der Republik se llama otra vez Königsplatz (“Plaza del Rey”), y la Ebertstrasse de Berlín todavía está pendiente de un nombre nuevo. – A mí me parece algo completamente secundario que Alemania sea monarquía o república: pero de lo que no veo el momento es de que se salve de las manos de su nuevo gobierno. Por lo demás, creo que nunca podrá lavar la mancha de haberse entregado a él. Yo, por mi parte, nunca volveré a confiar en Alemania (…)

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

Para leer el siguiente escrito de este intelectual judío, pulsa aquí.
Anuncios