Este artículo se inserta dentro del conjunto de recopilaciones que estoy haciendo en torno a los diarios de Viktor Kemplerer. Para leer el artículo anterior pulsa aquí.

(…) Pero por desgracia, el martes tuvimos en casa a los Thieme: una tarde espantosa y el final de una amistad; tal fue la entusiasta convicción y el panegírico con que Thieme -¡él!- se declaró adicto al nuevo régimen. Reprodujo devotamente todos los eslóganes de “unidad”, “arriba”, etc. Trude fue mucha más inofensiva. Dijo que todo había fracasado y que ahora había que probar con esto. “¡Ahora tenemos que tocar esta corneta, a ver qué pasa!” él la corrigió vehementemente: “No tenemos que”, sino que era realmente, y con elecciones libres, lo único bueno. Eso no se lo perdono. Él es un pobre imbécil y tiene miedo a perder su puesto. Así que ha de bailar al son que tocan. Bien. Pero ¿por qué cuando está conmigo? ¿Prudencia de una hipocresía extrema llevada hasta sus últimas consecuencias? ¿O realmente obnubilación total? Lo probable –opinión de Eva- es que sea esto último. Nos hemos equivocado en cuanto al intelecto de Thieme. Tiene un talento parcial para las matemáticas. Por lo demás se abandona, falto de todo control, a cualquier influencia, cualquier propaganda, cualquier éxito. eva se dio cuenta ya hace años. Dice de él que no tiene “ningún discernimiento”. Pero que llegara hasta ese extremo… He terminado con él.

La derrota de 1918 no me deprimió tan profundamento como la situación actual. Es impresionante cómo día tras día, sin el menor rebozo, salen en calidad de decretos la pura fuerza bruta, la violación de la ley, la más repugnante hipocresía, la más brutal bajeza de espíritu. Los periódicos socialistas tienen prohibición permanente. Los “liberales” están temblorosos. Hace poco estuvo prohibido dos días el Berliner Tageblatt; al Dresdner NN no puede ocurrirle eso, es totalmente adicto al gobierno, publica versos a “la vieja bandera”, etc.

Noticias sueltas: “Por orden del canciller del Reich han sido puestas en libertad cinco personas que el tribunal especial de Beuthen había condenado por el homicidio de un insurgente comunista polaco”. (¡Condenado a muerte!) – El comisario de justicia de Sajonia ha dispuesto que sea retirado de las bibliotecas de las prisiones el veneno corrosivo de los escritos marxistas y pacifistas, que el régimen penitenciario vuelva a producir un efecto de castigo, de corrección y de venganza, que se rescindan los contratos a largo plazo de impresos tipográficos de la empresa Kaden, que también imprimía el Volkszeitung, etc., etc. –Con tropas de ocupación francesas formadas por soldados negros vivíamos más en un Estado de derecho que bajo este gobierno. Hay una novelita de Ricarda Huch en la que un hombre piadoso persigue a un pecador y espera a que caiga sobre este el castigo de Dios. Espera en vano. A veces pienso que a mí me va a pasar como a ese hombre piadoso. No es, de verdad, una frase huera: no puedo liberarme de esta sensación de asco y de vergüenza. Y nadie hace ni dice nada; todo el mundo tiembla y repta.

Thieme habló, con gozoso agradecimiento, de una “expedición de castigo” de las SA en la fábrica de Sachsenwerk contra “unos comunistas de Okrilla demasiado insolentes”: aceite de ricino y carrera de baquetas con porras de goma. Cuando los italianos hacen algo así: claro, analfabetos, infantilismo, brutalidad meridional… ¡Pero alemanes! Thieme hablaba entusiasmado del recio socialismo de los nazis, me enseñó un llamamiento para votar el comité de empresa de la Sachsenwerk. Al día siguiente, la votación había sido porhibida por el comisario Killinger.

En el fondo, es una imprudencia terrible escribir todo esto en mi diario.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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Le matin

marzo 16, 2008

Nos acercamos al final de nuestro repaso a la discografía del compositor bretón Yann Tiersen; dentro de dos semanas tendré que buscar un nuevo entretenimiento para los domingos. De momento les dejo con Le matin.

Memorias: 11 de marzo

marzo 11, 2008

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Idea para un caricaturista del Simplicissimus: Cristo arianizado (asesinado) en la cruz gamada. Pregunta jurídica: ¿Según qué parágrafo hay que condenar? ¿Ultraje a la autoridad del Estado, de la religión? (…)

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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30 de enero: Hitler, canciller. Lo que llame terror antes del domingo de las elecciones (5 de marzo) fue suave preludio. Ahora se repite hasta en el menor detalle lo de mil novecientos dieciocho, pero bajo un signo diferente, el de la cruz gamada. Otra vez es asombroso con qué indefensiónse derrumba todo. ¿Dónde está Baviera? ¿Dónde está la Bandera del Reich, etc, etc.? Ocho días antes de las elecciones, la burda historia del incendio del Reichstag: no puedo imaginarme que alguien crea realmente en la autoría de un comunista y no en un trabajo pagado por los nazis. Después, esas furiosas prohibiciones, esas tropelías. Y además, en las calles, por la radio, etc., una propaganda sin límites. El sábado 4 oí un fragmento del discurso que pronunció Hitler en Königsberg. Un hotel al lado de la estación, con la fachada iluminada, enfrente desfile de antorchas, en los balcones gente con antorchas y con banderas con la cruz gamada, altavoces. Sólo entendí palabras sueltas. ¡Pero qué tono! Los patéticos bramidos, realmente bramidos, de un predicador. –El domingo voté a los demócratas, Eva al Zentrum. Por la noche, hacia las nueve, con los Blumenfeld en casa de los Dember. Por broma, porque tenía puesta mi esperanza en Baviera, me había puesto en la solapa la Cruz del Mérito de Baviera. Y luego, esa ingente victoria electoral de los nacionalsocialistas. El doble de votos en Baviera. Una y otra vez, el himno de Horst Wessel. –Protesta indignada: los judíos de bien no tienen nada que temer. Acto seguido, prohibición de la Unión central de los ciudadanos judíos de Turingia, por haber criticado “talmúdicamente” y denigrado al gobierno. Desde entonces, día tras día, delegados del gobierno central; gobiernos pisoteados, banderas con la cruz gamada izadas, casas ocupadas, gente muerta a tiros, prohibiciones hoy por primera vez, incluso el moderadísimo diario Berliner Tageblatt), etc., etc. Ayer, “por orden del Partido Nacionalsocialista” –ni siquiera nominalmente dicen ya “por orden del gobierno”-, han destituido de su puesto al dramaturgo Karl Wollf, hoy el ministerio sajón en pleno, etc., etc. Perfecta revolución y perfecta dictadura del Partido. Y toda la oposición como si se la hubiera tragado la tierra. Ese absoluto hundimiento de un poder que existía hace sólo un instante, no: su completa extinción (exactamente igual que en mil novecientos dieciocho) es lo que me deja tan impresionado. “Que sais-je?” – El lunes por la noche, de visita en casa de la señora Schaps, junto con los Gerstle. Nadie se atreve ya a decir nada, todos tienen miedo. Sólo de modo muy confidencial dijo Gerstle: “El que incendió el Reichstag no llevaba más que un pantalón y un carnet del Partido Comunista y está demostrado que vivía en casa de un nacionalsocialista”. Gerstle iba con muletas; se ha roto una pierna esquiando en los Alpes. Su mujer conducía, hicimos en su coche un trecho del camino de regreso.

¿Cuánto tiempo conservaré la cátedra?

A la presión política se añade el martirio de estos perpetuos dolores en el brazo izquierdo, de este perpetuo pensar en la muerte. Y la tortura de los esfuerzos, siempre fracasados, por conseguir la hipoteca para la casa. Y luego, horas y horas luchando con las estufas, fregando la vajilla, haciendo faenas caseras. Y ese estar perpetuamente en casa. Y no poder trabajar, no poder pensar (…)

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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Le Train

marzo 2, 2008

Les dejo con un tema bastante reciente del compositor bretón Yann Tiersen. Se llama Le Train, y lo pueden encontrar en su último trabajo, On Tour.