El pontificado del milenio

abril 2, 2008

Hoy se cumplen tres años del fallecimiento del Papa Juan Pablo II. Con motivo de este acontecimiento y de todos los sucesos que marcaron el momento de su muerte, escribí en 2005 un artículo para la revista universitaria Artículo20 (Valladolid). Me parece oportuno reproducirlo en este tercer aniversario:

El ángel de la Historia se nos ha ido. Si, un hombre que vivió, y luchó, contra todas las barbaridades del siglo XX ha desaparecido. La memoria, la identidad de ese siglo, se ha esfumado entre las nubes grises que el 2 de abril cubrían Roma. Sin embargo, complejo como la época que le tocó vivir, ha dejado un surco hondo y de difícil interpretación: el amplio legado del pontificado del milenio.

En 1920 una Europa herida trataba de reencontrarse consigo tras el conflicto fraticida de 1914. El viejo continente y el mundo entero se hallaban inmersos en una etapa de convulsiones e inestabilidades: un periodo de guerras y tensiones, de lucha por la libertad y de represión, de democracias y dictaduras… en definitiva, un túnel del que no terminamos de salir hasta 1989.

Ese túnel tiene, sin lugar a dudas, muchos nombres; uno de ellos es el de Karol Wojtyla. Su vida, desde el punto de vista de la Historia, puede resumirse con una palabra: lucha. La existencia de ese niño, de ese hombre, de ese anciano… es un duelo: un enfrentamiento contra la opresión, contra la muerte, contra el imperialismo, contra las desigualdades…

De joven preservando la identidad polaca ante el proceso aculturador nazi; de adulto luchando contra la opresión del totalitarismo socialista, y de anciano… Juan Pablo II es y no es Karol Wojtyla: el espíritu, la tenacidad en la lucha por liberar al ser humano es la misma, pero los medios a su disposición, y las cargas que eso conlleva, se multiplican.

De esta manera, pretender relatar en apenas dos páginas lo que representa para la Historia la figura de Juan Pablo II, requeriría un notable ejercicio de abstracción mezclado con una paciencia sobrehumana y una pizca de buen humor. A mi eso me excede: hace días que considero ese objetivo más que imposible. Por esa extraña razón, hoy, no busco más que comprendernos a nosotros, a los que hemos sido testigos de la andadura de un gigante.

¿Qué nos ha quedado de Karol Wojtyla? Para algunos simplemente un vago recuerdo, la imagen de un anciano sufridor y bondadoso; para otros la cercanía, el haberse sentido comprendidos y apoyados en su búsqueda de un mundo, de una vida, mejor y más justa; o puede que simplemente nada: un hombre desconocido, lejano, ajeno a los mil detalles cotidianos de cada persona.

En mi opinión, es justamente ahora, tras su muerte, cuando nos toca valorar las palabras de Juan Pablo II. Como estudiante de Historia, lo veo como un puente entre dos mundos: el que va de 1920 a 1989, y el surgido tras la caída del Muro de Berlín. Es, a mi juicio, un hombre que ha sabido ver y luchar contra los peligros de esa primera época; y más aún, ha sabido descubrir los de la segunda, que es la nuestra.

Las palabras y las obras del difunto Papa nos hablan de paz, igualdad, justicia norte-sur, lucha por la vida, respeto a la dignidad y libertad de la persona, confianza en la juventud… nos advierte del peligro del capitalismo salvaje, de los nacionalismos exacerbados, de la intolerancia, del relativismo… En definitiva, un panorama que refleja lo que es hoy nuestro mundo, y la que, no desde mañana sino desde ya mismo, es nuestra misión.

Si, nuestra porque es de todos, cristianos, musulmanes, judíos, budistas, agnósticos, ateos… A pesar de que para los creyentes el mensaje de Juan Pablo II tiene una profundidad mayor, ya que atañe en gran medida al campo de la fe, construir esa civilización de paz, vida y libertad depende de todos. Con firmeza y rechazando el pesimismo se puede lograr, se puede seguir avanzando en la dirección marcada por esos grandes gigantes que ha conocido la Historia del siglo XX: Martín Luther King, la Madre Teresa, Nelson Mandela, Ghandi o Karol Wojtyla entre otros.

Cada uno es responsable de sus actos, pero también de su dejadez y de su egoísmo: tanto por hacer y tan pocos dispuestos a ponerse manos a la obra. Hablo de ayudar a los más necesitados, de servir realmente a los demás con la propia profesión, de luchar contra las injusticias que nos rodean, del respeto a la vida y dignidad de la persona… pero también de cosas que en apariencia tienen mucho menos valor: dedicarle a los demás una sonrisa, un favor, un poco de nuestro tiempo, nuestro interés real…

Así llegamos al día de hoy. Este es el panorama para los que lo anterior a 1989 solo fue una anécdota: un documental de cine histórico en DVD. No sabemos realmente a que se enfrentó Karol Wojtyla, porque eso a los más jóvenes nos queda cada día más lejano en el tiempo. Sin embargo, si sabemos que nos ha dejado, y esos consejos, ese ejemplo de vida, es atemporal: vale para esta y para todas las épocas.

Por eso ahora, que volvemos a encontrarnos con nosotros mismos, con nuestra propia fragilidad, pienso que tal vez nunca hubo muro, ni torres, ni guerra; se me ocurre que lo único que sucedió fue que faltaron las ideas. Ideas e idealistas dispuestos a llevarlas a cabo, a poner a su alrededor ese granito de arena necesario; ese que Juan Pablo II supo colocar en cada uno de los momentos de su vida.

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2 Responses to “El pontificado del milenio”

  1. Rubén Says:

    Yo creo que pocas personas en nuestra historia reciente han dejado un legado tan importante. ¿A quién se le recuerdas después de tres años universalmente con el cariño, respeto, incluso veneración con que se le recuerda a él? ¿qué otro personaje contemporáneo ha calado tan profundo en la conciencia social de todos? Me parece estupendo que hayas querido con este artículo refrescarnos su memeoria. Gracias.

  2. Carlos Says:

    Gracias Ruben por tu comentario. Coincido contigo en lo que dices.


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