Este artículo se inserta dentro del conjunto de recopilaciones que estoy haciendo en torno a los diarios de Viktor Kemplerer. Para leer el artículo anterior pulsa aquí.

El sábado, papeles rojos en las tiendas: “Empresa cristiana alemana reconocida”. De vez en cuando, tiendas cerradas, delante, miembros de la SA con letreros triangulares: “Quien compra donde el judío fomenta el boicot extranjero y destruye la economía alemana”. –Masas de gente circulaban por la Prager Strasse, mirando. Era el boicot. “De momento sólo el sábado; después, pausa hasta el miércoles”. Los bancos están exceptuados del boicot. Los abogados y los médicos, no. Un día después, contraorden: porque había sido un éxito y Alemania es “magnánima”. Pero en realidad, un viraje absurdo. Por lo visto, ha habido resistencia aquí y en el extranjero; y por lo visto, del otro lado, presión del militante de a pie nacionalsocialista. Tengo la impresión de que se va rápidamente a la catástrofe. Que las derechas no podrán seguir colaborando mucho más tiempo, que no soportarán mucha más tiempo la dictadura nacionalsocialista, que, por otra parte, Hitler ya no es libre y que los nacionalsocialistas apremian a hacer uso de una violencia cada vez más fuerte. Hoy han sido detenidos los rectores de la Universidad de Francfort, los de la TH Brunswick, el director de la Clínica Universitaria de Bonn, Kantorowicz, un redactor de bolsa cristiano del Frankfurter Zeitung. Etc… Vendrá una explosión; pero nosotros tal vez lo paguemos con la vida, nosotros, los judíos. Horrible el pronunciamiento del estudiantado de Dresde, diciendo que es contra el honor de los estudiantes alemanes tener contacto con judíos. –No puedo trabajar con mi Imagen de Francia. Ya no creo en la psicología de los pueblos. Todo lo que yo consideraba no alemán: brutalidad, injusticia, hipocresía, sugestión de las masas hasta la embriaguez, todo eso es lo que prospera aquí.

El sábado por la noche, en Heidenau, en casa de Annemarie y del doctor Dressel. Ambos de derechas, ambos antinacionalsocialistas y horrorizados. Pero ambos aislados en el ambiente de su Hospital de los Sanjuanistas. –El domingo por la tarde, una hora (yo sólo) en casa de los Blumenfeld, abatidísimos. Les hablo de lo preocupado que me tiene Eva, cuyo estado general empeora enormemente debido a la catástrofe alemana; creo que, en todos los malos tiempos desde Lugano, nunca la he visto tan desesperada como ahora (…)

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

Para leer el siguiente escrito de este intelectual judío, pulsa aquí.

Anuncios