Memorias: 7 de abril, viernes mañana

abril 7, 2008

Este artículo se inserta dentro del conjunto de recopilaciones que estoy haciendo en torno a los diarios de Viktor Kemplerer. Para leer el artículo anterior pulsa aquí.

La carga que pesa sobre mí es aún más fuerte que durante la guerra, y por primera vez en mi vida tengo un odio político contra una colectividad (en la guerra, no), un odio mortal. En la guerra yo estaba bajo la ley: la ley marcial, pero ley; ahora estoy a merced del despotismo. Hoy (esto cambia) estoy otra vez menos seguro de que se avecine la catástrofe.

No se atreve un a escribir cartas, ni a llamar por teléfono, nos hacemos visitas mutuas y cada uno calcula las posibilidades que tiene. Tal importante funcionario del ministerio ha dicho esto, tal otro, esto otro. Eso podría ser favorable. Pero no se sabe si seguirá en el cargo el de la opinión favorable, cuánto tiempo lleva ya en el cargo, etc., etc. Un animal no está mas carente de derechos ni más acosado. –Ayer me escribió Albert Hirsch, desde Francfort del Meno, “excedente” después de ser funcionario trece años. No sabe de qué va a vivir. Se traslada con su mujer y sus dos hijos a casa de los suegros. Puede que en caso favorable le concedan unos pfennigs de pensión, pero desde luego no será, ni mucho menos, algo que dé para vivir. –Un caso entre miles y miles. –Edgar Kaufmann, desde hace cuatro años padre de familia, despedido. –El 2 de mayo, en la primera clase del semestre, se decidirá seguramente si conservo la cátedra.

(…) Los periódicos, ahora se leen y –muy pocos, el Volkische Zeitung, por ejemplo- se escriben de otra manera que antaño. Entre líneas. El arte del siglo XVIII, el arte del que escribe y del que lee, está renaciendo.

Nunca se ha concentrado tanta ignominia sobre un pueblo europeo como se concentra ahora sobre nosotros. Cada uno de los discursos del canciller, de los ministros, de los comisarios. Y sueltan discursos a diario. Una repugnante mezcla de los más destacados y más burdos embustes, de hipocresías, frases hueras, afirmaciones absurdas. Y siempre esas amenazas, ese tono triunfalista, esas promesas vanas.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

Para leer el siguiente escrito de este intelectual judío, pulsa aquí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: