Memorias: 10 de abril, lunes

abril 10, 2008

Este artículo se inserta dentro del conjunto de recopilaciones que estoy haciendo en torno a los diarios de Viktor Kemplerer. Para leer el artículo anterior pulsa aquí.

Horrible sensación de “¡Hurra, estoy vivo!”. La nueva “ley” del funcionariado me deja en la cátedra por ser excombatiente; eso parece, al menos, y de manera provisional (por cierto, Dember y Blumenfeld también se han librado: eso parece, al menos). Pero por todas partes, acoso, desdicha, miedo y temblor. A un primo de Dember, médico en Berlín, lo sacaron de su consulta y, en camisa y en grave estado por las sevicias sufridas, lo llevaron al Hospital Humbolt, donde murió; a los cuarenta y cinco años. La señora Dember nos lo cuenta en voz baja y a puerta cerrada. Con sus palabras está propalando difamatorias “noticias de atrocidades”, falsas todas ellas, evidentemente.

(…) El hombre es malo. Mi sensación completamente involuntaria cuando me enteré de que Dember y Blumenfeld también se libraban de la aniquilación fue una suerte de desengaño. El género de desengaño que se tiene cuando un desahuciado se salva en contra de lo previsto. Pero es muy probable que un día no llegue a todos la hora. Es, sin duda, el egoísmo humano. Nosotros dos dijimos: sólo nosotros estamos completamente sin recursos si yo pierdo la cátedra. Un físico y un ingeniero y un psicotécnico encuentran siempre una posibilidad de trabajar. Dember dijo: “Blumenfeld encontraría algo más fácilmente que nosotros”. (Por teléfono.) Blumenfeld me dijo (por teléfono): “Tú habrías encontrado un puesto en Francia”.

Hace dos días se promulgó la ley de los gobernadores de las provincias del Reich. Poco antes del 5 de marzo seguían diciendo en Baviera: “A un comisario del Reich le pararíamos los pies en la frontera”. Y ahora todos guardan silencio. Y Hitler habla por radio ante todos los SA reunidos en formación, ante “más de 500.000” soldados del “ejército pardo”.

Annemarie Köhler estuvo ayer por la tarde en casa. Llena de una rabia sorda. Cuenta lo fanatizados que están los enfermeros y enfermeras de su hospital. Se sientan en torno al altavoz. Cuando suena el himno de Horst Wessel (todas las noches y en más ocasiones) se levantan y alzan el brazo para el saludo nacionalsocialista.

(…) De mi familia no me llegan noticias, ni de los Meyerhof. Nadie se atreve a escribir. –Aparte de eso, no recibo correo de nadie, profesionalmente estoy fuera de juego.

Se es “ajeno a la raza” o judío si se tiene un 25% de sangre judío. Como en la España del siglo XV, pero en aquel entonces era cosa de la fe. Hoy es zoología y negocio.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

Para leer el siguiente escrito de este intelectual judío, pulsa aquí.

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