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(…) El sábado, 2 de septiembre, en casa de los Köhler. Visita agradable, tranquila. Hace bien estar con “arios” para los que la tiranía actual es tan terrible como para nosotros.

(…) Esta absurda tiranía, que no cesa, la inseguridad y lo ignominioso de nuestra situación en el Tercer Reich. Mi esperanza de un próximo cambio se disipa. Las calles repletas de SA. En Nuremberg, justo en estos días, como un huracán, la asamblea del Partido. La prensa ensalza a Hitler, como si fuera Dios y sus profetas en uno.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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(…) Al día siguiente: ultimátum del gobierno. En el plazo de cuatro días tengo que aportar pruebas de que soy ex combatiente, cosa que hasta ahora “sólo he demostrado con carácter de probabilidad”. Hoy ha llegado de Múnich mi “certificado de haber combatido en el frente”. Se refiere a “un combate” y a “lucha de trincheras en el Flandes francés del 19 de noviembre de 1915 al 19 de febrero de 1916”. Eva dijo enseguida que eso no era cierto, y en efecto, repasando mis cartas, encontré que el 4 de abril yo seguía en el frente y que no llegué al hospital de sangre hasta ese mismo día. No me gusta repasar esos paquetes de cartas polvorientas. Por lo demás, con ese certificado basta; no pienso reclamar.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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Todos los días un poco del siglo XVIII –el propio siglo y sobre el siglo- y cada día más desanimado: “Un instrumento ciego exige Dios de mí”; soy muy viejo para atacar el tema con desenvoltura (…).

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(…) Todavía no he recibido de Múnich el certificado de ex combatiente. No hace falta mucha imaginación para ver adónde lleva esto: que Múnich no encuentra los papeles –ya me han hecho una pregunta al respecto- y que acto seguido me destituyan de la cátedra.

(…) me creo y no me creo que la opinión de las masas siga siendo realmente favorable a Hitler. Demasiados signos de lo contrario. Pero todos, literalmente todos, están muertos de miedo. Ya no hay carta, ni conversación telefónica, ni palabra en la calle que no pueda ser objeto de denuncia. Cada uno tiene miedo de que el otro sea un traidor y un espía. La señora Krappmann nos previene contra la señora Lehmann, demasiado nacionalsocialista, y la señora Lehmann nos cuenta con gran amargura que su hermano ha sido condenado a un año de prisión por haberle prestado un “auténtico comunista” un ejemplar de Rote Fahne, pero el “auténtico” resultó ser un espía (…).

Bibliografía:

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(…) En la calle se dirigió a mí (al cabo de los años) el joven Fleischhauer. Se prepara para entrar definitivamente en la enseñanza, va a casarse, es Deutschnational. Estaba elegantemente vestido de paisano, con su novia. “No se extrañe si me ve alguna vez con uniforme del Stahlhelm pero con brazalete de la cruz gamada. Tengo que hacerlo; y en mi calidad de Stahlhelm soy distinto y mejor que un SA, y del Stahlhelm vendrá la salvación”. (“No de los demócratas: de los Deutschnationale”.)

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[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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(…) El martes acabé las clases. En esa clase de historia de la cultura me he permitido algunas semiocultas o evidentes osadías, en parte voluntaria, en parte involuntariamente. Habría podido costarme la cátedra. Lo más extraño ha sido mi relación con Eva Theissig, que me tiene gran apego y que es organizadora de células estudiantiles o algo así, en cualquier caso una personalidad del nuevo régimen. Cuando se despidió de mí para continuar sus estudios en Friburgo, le di el siguiente consejo: “¡Menos política y más ciencia! Y no se ponga usted demasiado a merced de esa causa. La suya es la ciencia: y tampoco puede saberse en política lo que traerá el porvenir. Usted me entiende: mi consejo me pone en manos de usted, yo sólo deseo su bien”. Me pregunto si podría seguir asesorándose conmigo. Creo que ella y miles de otros seguidores y miembros del Partido están desengañados hace tiempo. Creo (¿o sólo lo espero?) que esto no va a durar ya mucho tiempo. ¡Qué histeria en todas las palabras y obras del gobierno! Ese perpetuo amenazar con la pena de muerte, la toma de rehenes, hace poco la interrupción de todo el tráfico de viajeros de 12 a 12:40: ¡“Búsqueda de mensajes y de publicaciones contrarias al régimen en toda Alemania”! Además, continuamente esos artículos grotescos sobre la victoriosa batalla del trabajo en Prusia oriental” (donde, como es lógico, no hay parados en tiempo de siega), sobre el final del boicot extranjero, etc. (…).

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[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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(…) La situación política, desoladora. A no ser que sirva de consuelo o de esperanza el hecho de que la tiranía esté tomando formas cada vez más radicales, o sea, que se sienta cada vez menos segura de sí misma: la ceremonia junto a la tumba de “los que liquidaron a Rathenau”; la orden dada a todos los funcionarios (así que también a mí) de hacer el “saludo alemán”, al menos en las horas de servicio y en el lugar de trabajo. Ampliación: “se espera” que se emplee ese saludo en todas las demás ocasiones si no se quiere dar pie a la sospecha de que se rechaza conscientemente el nuevo sistema (el sombrero de Gessler redivivus). Hitler, en el noticiario, sólo unas pocas frases ante una gran asamblea –puño cerrado, rostro desencajado, gritos salvajes-, “el 30 de enero aún se reían de mí, esa risa se les va a cortar…”. Parece omnipotente, tal vez lo sea en este momento: pero el tono y la gesticulación eran de una cólera impotente. ¿Duda de su omnipotencia? ¿Se habla continuamente de milenios de duración, de adversarios exterminados cuando se está seguro de esa duración y de ese exterminio? He visto a Bruck, un hombre sufriente, acabado, hondamente deprimido.- Mi mejor alumna sigue siendo –y sigue teniéndome especial afecto- Eva Theissig: siempre con la cruz gamada como alfiler de corbata o de solapa.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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