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(…) Desde que Hugenberg se marchó ayer sin la menor resistencia y el Deutschnationale Partei “se disolvió a sí mismo”, he perdido por completo los ánimos.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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Dember está excedente “hasta nueva orden”. En el tablón de anuncios, un comunicado de la federación de estudiantes –“Un profesor judío falta a su palabra”- lo pone “en la picota del estudiantado” por haber tomado exámenes contra la palabra dada. Él dice que nunca había prometido tal cosa. Lo expulsan porque obtuvo la cátedra a través del ministerio, contra la voluntad del rector y del senado. Kafka, Holldack (50%), en peligro, Gehrig, en su calidad de demócrata, en peligro, Wilbrandt, socialista, se marcha. – A Baeumler le ofrecen en Berlín, adonde se marchó Spranger, una cátedra de pedagogía política. Por otra parte, Annemarie Köhler me dice al teléfono que Georg ha tenido que dejarlo todo. (Con la familia he perdido toda conexión; nadie me escribe).

Mañana, “fiesta del trabajo”. El Stahlhelm bajo las órdenes directas de Hitler, Hugenberg hundido. Tengo la clara impresión de que la catástrofe ya no puede tardar (…)

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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Por la tarde –hermoso paseo pero con molestias cardíacas-, en la oficina municipal de Dölzschen, yo solo. Para pedir que me permitan pagar a plazos lo que cuesta la canalización (340 marcos). Me han concedido seis plazos. Allí, en el pueblo, el alcalde socialdemócrata, destituido. A mí me recibieron el comisario (un gigante nórdico, con barbita en punta) y el inspector de la construcción, redondo como una bola, ambos con uniformes de las SA. La primera vez que he tramitado un asunto con gente así. Ambos muy correctos, el comisario un poco reservado, claramente deseoso de guardar una actitud digna, el gordo un sajón campechano, que se puso a charlar conmigo sobre la universidad y el PI; tengo que subrayar una vez más: ambos extraordinariamente correctos. Pero por primera vez he tenido esta tarde una demostración ad oculos de que estábamos verdaderamente a merced de la dictadura del Partido, del “Tercer Reich”, de que el Partido no intenta en absoluto disimular su absoluta prepotencia.

Y cada día nuevas monstruosidades. En Chemnitz, un abogado judío, secuestrado y muerto a tiros. “Procuradores con uniforme de las SA, vulgares asesinos”. Decreto de aplicación de la ley del funcionariado. Judío, cuando uno de los abuelos es judío. “En caso de duda, decide el experto en investigación racial del Ministerio del interior”. En todas las empresas, el obrero o empleado que no tenga ideología nacional puede ser despedido, debiendo ser sustituido por otro de ideología nacional. Hay que asesorarse en las células nacionalsocialistas de las empresas. Etc., etc. De momento estoy a salvo. Pero como está a salvo en el patíbulo quien tiene la soga al cuello. En cualquier momento, una nueva “ley” puede dar la patada a la tarima en la que me encuentro y entonces me quedaré colgado.

Siempre estoy a la escucha de “síntomas”. Un furioso discurso de Hugenberg; Oberfohren, el líder del grupo parlamentario Deutschnational renuncia a su mandato. Tensiones entre SA y Stahlhelm; pero ¿qué significa todo eso? El poder, un inmenso poder, está en manos de los nacionalsocialistas: medio millón de hombres armados, todos los cargos y recursos públicos, la prensa y la radio, la opinión de las masas enajenadas. No veo de dónde podría venir la salvación.

(…) El Ministerio de Instrucción Pública español le ha ofrecido a Einstein una cátedra en una universidad española, él ha aceptado. Éste es el chiste más memorable de la historia universal. Alemania establece la limpieza de sangre, España ofrece una cátedra al judío alemán.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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La situación, cada vez más desoladora. Mañana empieza el boicot. Carteles amarillos, puestos de guardia. Obligación de pagar a los empleados cristianos dos mensualidades, y de despedir a los empleados judíos. La estremecedora carta de los judíos al presidente del Reich y al gobierno, sin respuesta. Se asesina fríamente o “con efecto retardado”. No se “toca un pelo a nadie”: solamente los dejan morir de hambre. Si yo no maltrato a mis gatos, solamente no les doy de comer, ¿soy un atormentador de animales? – Nadie se atreve a nada. El estudiantado de Dresde declara hoy: cerramos filas detrás de… y es contra el honor de los estudiantes alemanes tener contacto con los judíos. Se les ha prohibido entrar en la Casa del Estudiante. ¡Con cuánto dinero judío se construyó hace pocos años ese edificio!

En Munich ya hay docentes judíos a los que se les ha impedido entrar en la universidad.

El llamamiento y las consignas del comité del boicot determinan que “la religión es indiferente”, sólo importa la raza; y si los dueños de una tienda son el marido judío y la mujer cristiana, o al revés, esa tienda se considera judía.

(…) El martes, en el nuevo cine Universum en la Prager Strasse. A mi lado un soldado de la Reichwehr, un niño aún, y su poco simpática acompañante. Fue la tarde anterior al anuncio del boicot. Conversación mientras pasaba un anuncio de Alsberg. Él: “En el fondo no habría que comprar en la tienda judía”. Ella: “¡Pero si es baratísimo!”. Él: “Entonces es malo y de poca duración”. Ella, pensándolo, muy objetiva y sin patetismo: “No, de verdad, es exactamente igual de bueno y de duradero, de verdad exactamente igual que en las tiendas cristianas: ¡y cuánto más barato!”. Él: silencio. –Cuando aparecieron Hitler, Hindenburg, etc., él aplaudió entusiasmado. Después, con la película totalmente americana, con música de jazz y a trechos de ambiente claramente judío, aplaudió con mayor entusiasmo aún.

Presentaron los sucesos del 21 de marzo, con fragmentos de los discursos. El discurso de Hindenburg, trabajoso, respirando con fatiga, la voz de un hombre provecto que está casi acabado físicamente. Hitler declamando como un pastor protestante. Goebbels tiene una apariencia perfectamente judía, Eva dice con razón que se parece al actor Deutsch (en el papel de “Pojaz”). Hugenberg tiene un tono más objetivo y más humano. Schacht, de una arrogancia penosa (Ralph Roberts, dice Eva). Vimos desfiles de antorchas y a toda una Alemania que desfila y que resurge. Dantzig, también con bandera con cruz gamada.

(…) En vez de “Deutschland” hay que decir de ahora en adelante “Arminien”. Tiene más riqueza fónica y suena a Armenien. –Un cuento de Andersen, Los zuecos de la felicidad. Un profesor había hablado con otras personas sobre la situación en el siglo XIV, volviendo a su casa piensa cómo era Copenhague en aquel entonces: y de pronto, ha desaparecido el pavimento y se hunde en el barro. A veces creo tener puestos también esos zuecos. Pero, aunque no sea así, uno se hunde también sin tocar fondo.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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