Este artículo se inserta dentro del conjunto de recopilaciones que estoy haciendo en torno a los diarios de Viktor Kemplerer. Para leer el artículo anterior pulsa aquí.

(…) Especialmente repugnante nos resulta el comportamiento de muchos judíos. Empiezan a someterse interiormente y a ver en la nueva situación de gueto, por atavismo, un estado legal que hay que aceptar. Gerstle, el director del lucrativo café de higos torrefactados, y cuñado, por cierto, del ya emigrado Jule Sebba, dice que Hitler es un genio y que en cuanto cese el boicot extranjero a Alemania, se podrá vivir; Blumenfeld piensa que no se debe “vivir de quimeras” y que “hay que atenerse a los hechos”; el padre de Kaufmann -¡su hijo está en Palestina!- habla de modo parecido, y su mujer, esa perfecta estúpida, se ha habituado a los eslóganes de la prensa y de la radio y repite como un papagayo lo que de “hemos superado el sistema”, cuya inviabilidad estaba demostrada.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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Este artículo está dentro de una serie de textos que estoy escribiendo sobre la experiencia soviética; para leer el escrito anterior, pulsa aquí

Por su parte, situada a medio camino entre las dos anteriores, y sin ningún aparente interés político tras sus investigaciones, encontramos la interpretación de la que podríamos denominar “escuela independiente”. Esta defiende que la revolución de octubre fue un movimiento de masas, al frente del cual había un pequeño grupo bien organizado: los bolcheviques. Se trató, pues, de la convergencia entre dos fuerzas:

– Una revolución de tipo social, dentro de la que podemos distinguir cuatro grupos: movimientos de protesta de los campesinos, movimientos de protesta de los obreros, proceso de descomposición del ejército ruso, y movimiento de las nacionalidades.

– Un golpe de Estado; planeado por los bolcheviques, que sacaron provecho del descontento de social existente en Rusia para atraerse a las masas populares.

Buscando los posibles puentes de unión con el descontento popular, los bolcheviques fueron atrayendo hacia sí a campesinos, obreros, militares y nacionalistas. Estos dos movimientos convergentes fueron destruyendo, poco a poco, toda forma de autoridad existente en Rusia hasta dar el paso definitivo en octubre de 1917; ahí esa unión de intereses se hizo más patente: era el momento propicio.

Se trataron de dos movimientos, uno revolucionario y otro golpista, que coincidieron en sus intereses a finales de 1917. Sin embargo, la diferencia entre ambos se hizo patente al finalizar ese periodo de casual afinidad. Después estuvieron separados durante décadas.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[3] El periodo de entreguerras en Europa; Martin Kitchen – Madrid – Alianza Editorial – 1992.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

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Este artículo está dentro de una serie de textos que estoy escribiendo sobre la experiencia soviética; para leer el escrito anterior, pulsa aquí.

La interpretación de los hechos realizada por los defensores del régimen soviético dista mucho de la explicada anteriormente. Según estos la revolución de octubre fue el culmen de un proceso de liberación inevitable que, además, contó con el apoyo de las masas populares rusas. Por lo tanto, no se trataría de un golpe de Estado, como afirmaba la teoría liberal, sino de un cambio de poder legítimo.

Los teóricos de esa escuela afirman que, el poder surgido en octubre, convirtió la antigua Rusia imperialista y opresora en la unión y hermandad de las repúblicas soviéticas creadas tras el triunfo bolchevique. Estas, como organizaciones políticas de la clase obrera, fueron las encargadas de vencer a los enemigos del proletariado y construir una sociedad sin clases y, por tanto, sin lucha entre los distintos estratos de la misma. En este proceso jugó un papel fundamental el Partido Comunista, que, a modo de catalizador, fue el encargado organizar todas las tareas dentro de esta unión de repúblicas.

Aunque se reconoce que en todo este proceso pudieron existir desviaciones -véase el caso estalinista-, estas no restarían legitimidad a los sucesos de octubre, que de por sí se consideran puros y acordes a la teoría comunista. Con el fin de resaltar la independencia de la revolución con respecto a las posibles desviaciones, surgió una corriente de pensamiento tendente a mitificar los hechos de 1917.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[3] El periodo de entreguerras en Europa; Martin Kitchen – Madrid – Alianza Editorial – 1992.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

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En opinión de estos investigadores no hemos de calificar los sucesos de octubre como revolucionarios, sino como golpe de Estado llevado a cabo por una minoría de fanáticos que no contaba con el apoyo popular. Según la escuela liberal, la verdadera revolución fue la de febrero. Esta si gozó del respaldo de la población rusa.

Los defensores de esta teoría hacen especial hincapié en señalar que, durante las décadas anteriores a la Gran Guerra, la nación rusa había experimentado un importante proceso de modernización que le acercó a las grandes potencias económicas del momento. Sin embargo, el estallido del conflicto sumió a Rusia en el caos, que fue aprovechado por los bolcheviques para hacerse con el poder. Sólo estas circunstancias hicieron posible la que en el antiguo imperio de los zares se instaurara un Estado socialista caracterizado por la represión política, la colectivización de los medios de producción, y el culto a la personalidad del líder.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[3] El periodo de entreguerras en Europa; Martin Kitchen – Madrid – Alianza Editorial – 1992.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

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La experiencia soviética

septiembre 29, 2008

Iniciamos el repaso de la primera postguerra europea. Este bloque de artículos se inserta dentro de un grupo más amplio que, emulando a Stefan Zweig, he titulado El mundo de ayer. Para leer los artículos dedicados al periodo de entreguerras (1918-1939), haz clic aquí. Les dejo con la cita introductoria que he sacado del citado autor:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “Finalmente llegamos a la estación fronteriza de Negorolie. Por encima de la vía se extendía una tira de tela roja como la sangre con una inscripción cuyas letras cirílicas yo era incapaz de leer. Me las descifraron: ¡Proletarios de todos los países, uníos! Al pasar por debajo de esa cinta de color rojo ardiente se entraba en el imperio del proletariado, la Unión Soviética, un mundo nuevo (…) en aquellos días en que la Revolución rusa todavía celebraba sus esponsales con la idea de la humanidad y el pensamiento idealista, veíamos nacer en Oriente un incierto resplandor. Éramos unos necios, lo sé”.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[3] El periodo de entreguerras en Europa; Martin Kitchen – Madrid – Alianza Editorial – 1992.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

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¡Historia contemporánea en el cine! Esta vez la asamblea general del NSDAP en Nuremberg. ¡Qué escenas de masas y de histeria! Hitler consagra nuevos estandartes tocándolos con la “bandera de sangre” de 1923 (Éxito, de Feuchtwanger). Cada vez que las dos telas se tocan, una detonación (…).

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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Ayer tarde, en casa de la señora Schaps. Despedida de los Sebba, que ahora realmente emigran a Haifa. Sus muebles ya están navegando y ellos viajan hoy a Trieste, desde allí continuarán en barco. Conversé muy cordialmente con Jule Sebba. Evitamos todo sentimentalismo y nada más estar todos reunidos, charlamos alegremente. Pero por dentro había en todos hondísima tristeza, amargura, amor y odio. A mí me emocionó mucho, Eva estaba muy afectada. Jule Sebba dijo que él siempre se había sentido judío oriental y por tanto desarraigado y sin vinculación con la germanizad. Pero se va de Europa y de la seguridad a una colonia y a lo desconocido, se va con mujer e hija y a los cincuenta años empieza una vida nueva. A nosotros dos, a Eva y a mí, nos hiere en o más hondo que Alemania pisotee de esa manera todo derecho y toda cultura.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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