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La situación, cada vez más desoladora. Mañana empieza el boicot. Carteles amarillos, puestos de guardia. Obligación de pagar a los empleados cristianos dos mensualidades, y de despedir a los empleados judíos. La estremecedora carta de los judíos al presidente del Reich y al gobierno, sin respuesta. Se asesina fríamente o “con efecto retardado”. No se “toca un pelo a nadie”: solamente los dejan morir de hambre. Si yo no maltrato a mis gatos, solamente no les doy de comer, ¿soy un atormentador de animales? – Nadie se atreve a nada. El estudiantado de Dresde declara hoy: cerramos filas detrás de… y es contra el honor de los estudiantes alemanes tener contacto con los judíos. Se les ha prohibido entrar en la Casa del Estudiante. ¡Con cuánto dinero judío se construyó hace pocos años ese edificio!

En Munich ya hay docentes judíos a los que se les ha impedido entrar en la universidad.

El llamamiento y las consignas del comité del boicot determinan que “la religión es indiferente”, sólo importa la raza; y si los dueños de una tienda son el marido judío y la mujer cristiana, o al revés, esa tienda se considera judía.

(…) El martes, en el nuevo cine Universum en la Prager Strasse. A mi lado un soldado de la Reichwehr, un niño aún, y su poco simpática acompañante. Fue la tarde anterior al anuncio del boicot. Conversación mientras pasaba un anuncio de Alsberg. Él: “En el fondo no habría que comprar en la tienda judía”. Ella: “¡Pero si es baratísimo!”. Él: “Entonces es malo y de poca duración”. Ella, pensándolo, muy objetiva y sin patetismo: “No, de verdad, es exactamente igual de bueno y de duradero, de verdad exactamente igual que en las tiendas cristianas: ¡y cuánto más barato!”. Él: silencio. –Cuando aparecieron Hitler, Hindenburg, etc., él aplaudió entusiasmado. Después, con la película totalmente americana, con música de jazz y a trechos de ambiente claramente judío, aplaudió con mayor entusiasmo aún.

Presentaron los sucesos del 21 de marzo, con fragmentos de los discursos. El discurso de Hindenburg, trabajoso, respirando con fatiga, la voz de un hombre provecto que está casi acabado físicamente. Hitler declamando como un pastor protestante. Goebbels tiene una apariencia perfectamente judía, Eva dice con razón que se parece al actor Deutsch (en el papel de “Pojaz”). Hugenberg tiene un tono más objetivo y más humano. Schacht, de una arrogancia penosa (Ralph Roberts, dice Eva). Vimos desfiles de antorchas y a toda una Alemania que desfila y que resurge. Dantzig, también con bandera con cruz gamada.

(…) En vez de “Deutschland” hay que decir de ahora en adelante “Arminien”. Tiene más riqueza fónica y suena a Armenien. –Un cuento de Andersen, Los zuecos de la felicidad. Un profesor había hablado con otras personas sobre la situación en el siglo XIV, volviendo a su casa piensa cómo era Copenhague en aquel entonces: y de pronto, ha desaparecido el pavimento y se hunde en el barro. A veces creo tener puestos también esos zuecos. Pero, aunque no sea así, uno se hunde también sin tocar fondo.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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Ayer, junto a los Dember, en casa de los Blumenfeld. El ambiente, como ante un pogromo de la más tenebrosa Edad Media o de la más profunda Rusia de los zares. Ese día se había publicado el llamamiento de los nacionalsocialistas al boicot. Somos rehenes. Predomina la sensación (sobre todo porque el levantamiento del Stahlhelm en Brunswick era fingido y enseguida lo disfrazaron) de que este régimen de terror no durará mucho pero nos enterrará a nosotros al derrumbarse. Fantástica Edad Media: “nosotros”: el acosado pueblo judío. En el fondo, siento más vergüenza que miedo, vergüenza por Alemania. Yo, realmente, siempre me ha sentido alemán. Y siempre he pensado que el siglo XX y Europa central es otra cosa que el siglo XIV y Rumanía. Me equivocaba. –Dember ha descrito las consecuencias económicas: la bolsa, repercusión en la industria de los cristianos: y todo eso lo pagaremos “nosotros” con nuestra sangre. La señora Dember ha contado un caso que ha llegado a sus oídos de los malos tratos a un prisionero comunista: tortura con aceite de ricino, palizas, miedo, intento de suicidio. La señora Blumenfeld me dijo al oído que el segundo hijo del doctor Salzburg, estudiante de medicina, está detenido; que habían encontrado cartas suyas en casa de un comunista. Nos separamos (después de comer mucho y bien) como si nos despidiéramos para ir al frente.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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(…) El gobierno se encuentra en una situación difícil. En el extranjero, “propaganda de atrocidades” por su lucha contra los judíos. Lo desmiente continuamente, dice que no hay pogromos, y hace que lo desmientan las asociaciones judías. Por otra parte amenaza abiertamente con proceder contra los judíos alemanes si no cesa el hostigamiento por parte del “judaísmo internacional”. En el interior, de momento ya no hay derramamiento de sangre, pero opresión, opresión, opresión. Nadie respira con libertad, no hay libertad de palabra, ni escrita ni hablada.

Ya no se publica nada mío. Trabajo en silencio, para mí, en la Imagen de Francia.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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The Ex

marzo 23, 2008

Finalizo este curioso repaso a la discografía de Yann Tiersen con un video musical bastante extraño. Con The Ex dejamos, por el momento, la música de este compositor bretón.

Memorias: 22 de marzo

marzo 22, 2008

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(…) Cuenta que en su escuela, en Meissen, todos se arrastran ante la cruz gamada, tienen miedo de perder el puesto, se vigilan mutuamente y desconfían unos de otros. Un joven con cruz gamada llega a una escuela con no sé qué misión. Al punto, una clase de niñas de catorce años empieza a cantar el himno de Horst Wessel. Cantar por los pasillos está prohibido. La señorita Weichmann está de guardia. “Tiene usted que prohibir esos berridos”, le urgen las compañeras. – “¡Hágalo ustes! Si yo prohíbo esos berridos, dicen que estoy contra un himno nacionalsocialista y me echan”. Las niñas siguen berreando. – En una farmacia hay una pasta de dientes con la cruz gamada. – Un ambiente de temor, como el que tuvo que haber en Francia bajo los jacobinos. Todavía no tiembla uno por la propia vida: pero sí por el pan y la libertad.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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Memorias: 21 de marzo

marzo 21, 2008

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Día de la “ceremonia de Estado” de Potsdam. Lástima que no tengamos radio. – Terribles amenazas de pogromo en el Freiheitkampf junto con injurias siniestras, medievales, a los judíos. – Jueces judíos, depuestos. – Se establece una comisión para nacionalizar la Universidad de Leipzig. – En abril iba a celebrarse allí un congreso de psicología. Freiheitkampf: ¿en que se ha convertido la ciencia de Wilhelm Wundt? ¡Qué masiva infiltración judía! ¡Fuera con ellos! – Tras lo cual, para evitar que se importunara a nadie, ha sido cancelado el congreso.

(…) Cansancio y apatía. Hastío de la vida y miedo a la muerte.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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Tras un largo intervalo, en el cine: Hindenburg, el 12 de marzo –domingo de los caídos en la guerra- pasa revista a las tropas y a los de la cruz gamada. Cuando lo vi hace cosa de un año en el noticiario, el presidente bajaba las escaleras del Reichstag algo envarado, con la mano en la muñeca del acompañante, pero muy firme y a buen paso: un hombre viejo pero lleno de fuerza. Hoy: los pasos diminutos, laboriosos, de un paralítico. Ahora lo veo todo claro: así caminaba papá desde el derrame cerebral en la Navidad de 1911 hasta su muerte el 12 de febrero de 1912. Entre ambas fechas ya no le funcionó la cabeza. (¡El periódico que leía poniéndolo del revés!) Ahora tengo la absoluta seguridad de que Hindenburg no es más que un títere, que ya el 30 de enero le llevaron la mano.

Cada disposición gubernamental, cada noticia, etc., es aún más ominosa que la anterior. En Dresde, una oficina para combatir el bolchevismo. Discreción garantizada, recompensa por informes importantes. En Breslau, prohibición a los abogado judíos de personarse en la audiencia. En Múnich, burdísima simulación de un atentado frustrado y, acto seguido, amenaza de “enorme pogromo” caso de que haya un solo disparo. Etc., etc. Y los periódicos agachan la cabeza. El Dresdner NN se deshace en alabanzas al gobierno: que Hitler en su calidad de “estadista” siempre había estado en pro de la revisión de los tratados de paz.

Goebbels, ministro de Publicidad. Mañana, la “ceremonia de Estado del 21 de marzo”. ¡A lo mejor crean un emperador! La Platz der Republik se llama otra vez Königsplatz (“Plaza del Rey”), y la Ebertstrasse de Berlín todavía está pendiente de un nombre nuevo. – A mí me parece algo completamente secundario que Alemania sea monarquía o república: pero de lo que no veo el momento es de que se salve de las manos de su nuevo gobierno. Por lo demás, creo que nunca podrá lavar la mancha de haberse entregado a él. Yo, por mi parte, nunca volveré a confiar en Alemania (…)

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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