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(…) Como un episodio de novela. Hace unas semanas (el 9 de octubre) estábamos indignados con Gerstle. Su cuñado está en Palestina, y él pacta con el “genial” Hitler y sólo desea que cese el boicot extranjero. Eva dijo que el nacionalsocialismo le convertiría en antisemita. (…) De pronto “estaban de viaje”. A él le habían puesto dificultades en su fábrica, quisieron forzarlo a hacer “cambios”. (…) Huida a Tierra Santa; qué parte de su fortuna se va con ellos, con qué parte se queda el genial Hitler, eso no lo sé. Ni yo ni Eva ni Gusti pudimos reprimir un movimiento de alegría.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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(…) Especialmente repugnante nos resulta el comportamiento de muchos judíos. Empiezan a someterse interiormente y a ver en la nueva situación de gueto, por atavismo, un estado legal que hay que aceptar. Gerstle, el director del lucrativo café de higos torrefactados, y cuñado, por cierto, del ya emigrado Jule Sebba, dice que Hitler es un genio y que en cuanto cese el boicot extranjero a Alemania, se podrá vivir; Blumenfeld piensa que no se debe “vivir de quimeras” y que “hay que atenerse a los hechos”; el padre de Kaufmann -¡su hijo está en Palestina!- habla de modo parecido, y su mujer, esa perfecta estúpida, se ha habituado a los eslóganes de la prensa y de la radio y repite como un papagayo lo que de “hemos superado el sistema”, cuya inviabilidad estaba demostrada.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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¡Historia contemporánea en el cine! Esta vez la asamblea general del NSDAP en Nuremberg. ¡Qué escenas de masas y de histeria! Hitler consagra nuevos estandartes tocándolos con la “bandera de sangre” de 1923 (Éxito, de Feuchtwanger). Cada vez que las dos telas se tocan, una detonación (…).

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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(…) El 8 de septiembre cenamos en casa de los Blumenfeld. Estuvieron también la señora Dember y el señor Gerstle. Dember ha hecho un viaje misterioso a Suiza, va a firmar un contrato con Turquía y será unos años profesor de la Universidad de Constantinopla. La señora Gerstle estaba en Königsberg, ayudando a hacer maletas. La familia Sebba se va, en efecto, a Haifa; mañana la vermos probablemente allí. La postura de Gerstle me desagradó. Parecía haberse reconciliado con la situación, en cualquier caso estaba resignado a la voluntad divina, calificó de genio a Hitler, no quería “subestimar al adversario”, el estado actual de las cosas por lo visto no le parecía el peor de todos los posibles estados de cosas, etc., etc.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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(…) El sábado, 2 de septiembre, en casa de los Köhler. Visita agradable, tranquila. Hace bien estar con “arios” para los que la tiranía actual es tan terrible como para nosotros.

(…) Esta absurda tiranía, que no cesa, la inseguridad y lo ignominioso de nuestra situación en el Tercer Reich. Mi esperanza de un próximo cambio se disipa. Las calles repletas de SA. En Nuremberg, justo en estos días, como un huracán, la asamblea del Partido. La prensa ensalza a Hitler, como si fuera Dios y sus profetas en uno.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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Todos los días un poco del siglo XVIII –el propio siglo y sobre el siglo- y cada día más desanimado: “Un instrumento ciego exige Dios de mí”; soy muy viejo para atacar el tema con desenvoltura (…).

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(…) Todavía no he recibido de Múnich el certificado de ex combatiente. No hace falta mucha imaginación para ver adónde lleva esto: que Múnich no encuentra los papeles –ya me han hecho una pregunta al respecto- y que acto seguido me destituyan de la cátedra.

(…) me creo y no me creo que la opinión de las masas siga siendo realmente favorable a Hitler. Demasiados signos de lo contrario. Pero todos, literalmente todos, están muertos de miedo. Ya no hay carta, ni conversación telefónica, ni palabra en la calle que no pueda ser objeto de denuncia. Cada uno tiene miedo de que el otro sea un traidor y un espía. La señora Krappmann nos previene contra la señora Lehmann, demasiado nacionalsocialista, y la señora Lehmann nos cuenta con gran amargura que su hermano ha sido condenado a un año de prisión por haberle prestado un “auténtico comunista” un ejemplar de Rote Fahne, pero el “auténtico” resultó ser un espía (…).

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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