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Dember está excedente “hasta nueva orden”. En el tablón de anuncios, un comunicado de la federación de estudiantes –“Un profesor judío falta a su palabra”- lo pone “en la picota del estudiantado” por haber tomado exámenes contra la palabra dada. Él dice que nunca había prometido tal cosa. Lo expulsan porque obtuvo la cátedra a través del ministerio, contra la voluntad del rector y del senado. Kafka, Holldack (50%), en peligro, Gehrig, en su calidad de demócrata, en peligro, Wilbrandt, socialista, se marcha. – A Baeumler le ofrecen en Berlín, adonde se marchó Spranger, una cátedra de pedagogía política. Por otra parte, Annemarie Köhler me dice al teléfono que Georg ha tenido que dejarlo todo. (Con la familia he perdido toda conexión; nadie me escribe).

Mañana, “fiesta del trabajo”. El Stahlhelm bajo las órdenes directas de Hitler, Hugenberg hundido. Tengo la clara impresión de que la catástrofe ya no puede tardar (…)

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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(…) Anoche vinieron a casa la señora Schaps y los blumenfeld, anteayer, los Wieghardt, el sábado fuimos nosotros a casa de los Köhler del ferrocarril, y los jóvenes nos acompañaron a casa hacia la una de la madrugada. Por todas partes las mismas conversaciones.

En la TH, ahora quien más peligro corre es Dember, que les fue impuesto por la fuerza por el ministerio Fleissner. Sufre muchísimo. Una circular pedía a todos los no arios que salieran de todas las comisiones y que dejaran de examinar. Dios sabe cómo se podrá llevar eso a la práctica. En nuestra TH son no arios Holldack (por la madre), Kafka (por el padre)… En Kiel los estudiantes han puesto en el índice de obras no alemanas de los profesores que han tenido hasta ahora y que no aceptan. Entre ellos, Kroner, alemán cien por cien, y Otto Kemplerer, físico, el hijo mayor de Georg. Aquí parece que va a suceder algo parecido. El ministro prusiano de Instrucción Pública ha ordenado que se haga lo posible –lo decide el consejo de evaluación- para que los alumnos suspensos que han de repetir curso, si pertenecen al movimiento hitleriano, reciban el aprobado. –Anuncio en la Casa del Estudiante (algo parecido en todas las universidades): “Cuando el judío escribe alemán, miente”, sólo se le permite escribir en hebreo. Los libros judíos en lengua alemana tienen que ser calificados de “traducciones”. –Sólo anoto lo más monstruoso, sólo fragmentos de la demencia en que estamos inmersos todo este tiempo. –Ya se lo he oído decir al joven Köhler, cristiano y nacional de pies a cabeza: nos liberarán los franceses. Y yo creo realmente que vendrán pronto y que serán recibidos por muchos, incluso por “arios”, como libertadores.

En medio de todo esto, en Dölzchen están terminando nuestra cerca, nosotros seguimos con nuestros planes; pero es completamente imposible pensar en llegar a tener una verdadera vivienda, no tenemos ni dinero ni posibilidades de financiación. Realmente no veo salida. También en este punto vamos derechos a la catástrofe. Hemos comprado herramientas de jardín y árboles; hoy vamos a subir a cavar el terreno.

(…) El futuro del movimiento hitleriano depende sin duda alguna de la cuestión judía. No comprendo por qué han dado a ese punto del programa una posición tan central. Los llevará a la catástrofe. Pero probablemente a nosotros también.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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¿Es la sugestión de la formidable propaganda: cine, radio, periódicos, banderas, fiestas y más fiestas (hoy fiesta popular, cumpleaños de Adolf Hitler, el Führer)? ¿O es el miedo por doquier, el temblor de los esclavos? Ahora casi estoy convencido de que no viviré el final de esta tiranía. Y ya casi me he habituado a esta situación de carencia de derechos. Ya no soy alemán y ario sino judío, y tengo que agradecerles que me dejen con vida. –Lo que manejan genialmente es la propaganda. Anteayer vimos (y oímos) en el cine cómo Hitler pasaba revista a sus tropas: ante él, la gran masa de las SA, delante de su tribuna la media docena de micrófonos que transmiten sus palabras a los 600.000 SA de todo el Tercer Reich: uno ve su omnipotencia e inclina el espinazo. Y continuamente el himno de Horst Wessel. Y todos agachan la cabeza. ¡Qué deplorable el congreso de medicina de Wiesbaden! ¡Gratitud a Hitler! Aunque aún no esté aclarado el problema racial, aunque los ajenos –Wassermann, Ehrlich, Neisser- hayan hecho sus aportaciones relevantes: damos las gracias a Hitler, el salvador de Alemania. Y los otros, igual.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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Por la tarde –hermoso paseo pero con molestias cardíacas-, en la oficina municipal de Dölzschen, yo solo. Para pedir que me permitan pagar a plazos lo que cuesta la canalización (340 marcos). Me han concedido seis plazos. Allí, en el pueblo, el alcalde socialdemócrata, destituido. A mí me recibieron el comisario (un gigante nórdico, con barbita en punta) y el inspector de la construcción, redondo como una bola, ambos con uniformes de las SA. La primera vez que he tramitado un asunto con gente así. Ambos muy correctos, el comisario un poco reservado, claramente deseoso de guardar una actitud digna, el gordo un sajón campechano, que se puso a charlar conmigo sobre la universidad y el PI; tengo que subrayar una vez más: ambos extraordinariamente correctos. Pero por primera vez he tenido esta tarde una demostración ad oculos de que estábamos verdaderamente a merced de la dictadura del Partido, del “Tercer Reich”, de que el Partido no intenta en absoluto disimular su absoluta prepotencia.

Y cada día nuevas monstruosidades. En Chemnitz, un abogado judío, secuestrado y muerto a tiros. “Procuradores con uniforme de las SA, vulgares asesinos”. Decreto de aplicación de la ley del funcionariado. Judío, cuando uno de los abuelos es judío. “En caso de duda, decide el experto en investigación racial del Ministerio del interior”. En todas las empresas, el obrero o empleado que no tenga ideología nacional puede ser despedido, debiendo ser sustituido por otro de ideología nacional. Hay que asesorarse en las células nacionalsocialistas de las empresas. Etc., etc. De momento estoy a salvo. Pero como está a salvo en el patíbulo quien tiene la soga al cuello. En cualquier momento, una nueva “ley” puede dar la patada a la tarima en la que me encuentro y entonces me quedaré colgado.

Siempre estoy a la escucha de “síntomas”. Un furioso discurso de Hugenberg; Oberfohren, el líder del grupo parlamentario Deutschnational renuncia a su mandato. Tensiones entre SA y Stahlhelm; pero ¿qué significa todo eso? El poder, un inmenso poder, está en manos de los nacionalsocialistas: medio millón de hombres armados, todos los cargos y recursos públicos, la prensa y la radio, la opinión de las masas enajenadas. No veo de dónde podría venir la salvación.

(…) El Ministerio de Instrucción Pública español le ha ofrecido a Einstein una cátedra en una universidad española, él ha aceptado. Éste es el chiste más memorable de la historia universal. Alemania establece la limpieza de sangre, España ofrece una cátedra al judío alemán.

Bibliografía:

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Horrible sensación de “¡Hurra, estoy vivo!”. La nueva “ley” del funcionariado me deja en la cátedra por ser excombatiente; eso parece, al menos, y de manera provisional (por cierto, Dember y Blumenfeld también se han librado: eso parece, al menos). Pero por todas partes, acoso, desdicha, miedo y temblor. A un primo de Dember, médico en Berlín, lo sacaron de su consulta y, en camisa y en grave estado por las sevicias sufridas, lo llevaron al Hospital Humbolt, donde murió; a los cuarenta y cinco años. La señora Dember nos lo cuenta en voz baja y a puerta cerrada. Con sus palabras está propalando difamatorias “noticias de atrocidades”, falsas todas ellas, evidentemente.

(…) El hombre es malo. Mi sensación completamente involuntaria cuando me enteré de que Dember y Blumenfeld también se libraban de la aniquilación fue una suerte de desengaño. El género de desengaño que se tiene cuando un desahuciado se salva en contra de lo previsto. Pero es muy probable que un día no llegue a todos la hora. Es, sin duda, el egoísmo humano. Nosotros dos dijimos: sólo nosotros estamos completamente sin recursos si yo pierdo la cátedra. Un físico y un ingeniero y un psicotécnico encuentran siempre una posibilidad de trabajar. Dember dijo: “Blumenfeld encontraría algo más fácilmente que nosotros”. (Por teléfono.) Blumenfeld me dijo (por teléfono): “Tú habrías encontrado un puesto en Francia”.

Hace dos días se promulgó la ley de los gobernadores de las provincias del Reich. Poco antes del 5 de marzo seguían diciendo en Baviera: “A un comisario del Reich le pararíamos los pies en la frontera”. Y ahora todos guardan silencio. Y Hitler habla por radio ante todos los SA reunidos en formación, ante “más de 500.000” soldados del “ejército pardo”.

Annemarie Köhler estuvo ayer por la tarde en casa. Llena de una rabia sorda. Cuenta lo fanatizados que están los enfermeros y enfermeras de su hospital. Se sientan en torno al altavoz. Cuando suena el himno de Horst Wessel (todas las noches y en más ocasiones) se levantan y alzan el brazo para el saludo nacionalsocialista.

(…) De mi familia no me llegan noticias, ni de los Meyerhof. Nadie se atreve a escribir. –Aparte de eso, no recibo correo de nadie, profesionalmente estoy fuera de juego.

Se es “ajeno a la raza” o judío si se tiene un 25% de sangre judío. Como en la España del siglo XV, pero en aquel entonces era cosa de la fe. Hoy es zoología y negocio.

Bibliografía:

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La carga que pesa sobre mí es aún más fuerte que durante la guerra, y por primera vez en mi vida tengo un odio político contra una colectividad (en la guerra, no), un odio mortal. En la guerra yo estaba bajo la ley: la ley marcial, pero ley; ahora estoy a merced del despotismo. Hoy (esto cambia) estoy otra vez menos seguro de que se avecine la catástrofe.

No se atreve un a escribir cartas, ni a llamar por teléfono, nos hacemos visitas mutuas y cada uno calcula las posibilidades que tiene. Tal importante funcionario del ministerio ha dicho esto, tal otro, esto otro. Eso podría ser favorable. Pero no se sabe si seguirá en el cargo el de la opinión favorable, cuánto tiempo lleva ya en el cargo, etc., etc. Un animal no está mas carente de derechos ni más acosado. –Ayer me escribió Albert Hirsch, desde Francfort del Meno, “excedente” después de ser funcionario trece años. No sabe de qué va a vivir. Se traslada con su mujer y sus dos hijos a casa de los suegros. Puede que en caso favorable le concedan unos pfennigs de pensión, pero desde luego no será, ni mucho menos, algo que dé para vivir. –Un caso entre miles y miles. –Edgar Kaufmann, desde hace cuatro años padre de familia, despedido. –El 2 de mayo, en la primera clase del semestre, se decidirá seguramente si conservo la cátedra.

(…) Los periódicos, ahora se leen y –muy pocos, el Volkische Zeitung, por ejemplo- se escriben de otra manera que antaño. Entre líneas. El arte del siglo XVIII, el arte del que escribe y del que lee, está renaciendo.

Nunca se ha concentrado tanta ignominia sobre un pueblo europeo como se concentra ahora sobre nosotros. Cada uno de los discursos del canciller, de los ministros, de los comisarios. Y sueltan discursos a diario. Una repugnante mezcla de los más destacados y más burdos embustes, de hipocresías, frases hueras, afirmaciones absurdas. Y siempre esas amenazas, ese tono triunfalista, esas promesas vanas.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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El sábado, papeles rojos en las tiendas: “Empresa cristiana alemana reconocida”. De vez en cuando, tiendas cerradas, delante, miembros de la SA con letreros triangulares: “Quien compra donde el judío fomenta el boicot extranjero y destruye la economía alemana”. –Masas de gente circulaban por la Prager Strasse, mirando. Era el boicot. “De momento sólo el sábado; después, pausa hasta el miércoles”. Los bancos están exceptuados del boicot. Los abogados y los médicos, no. Un día después, contraorden: porque había sido un éxito y Alemania es “magnánima”. Pero en realidad, un viraje absurdo. Por lo visto, ha habido resistencia aquí y en el extranjero; y por lo visto, del otro lado, presión del militante de a pie nacionalsocialista. Tengo la impresión de que se va rápidamente a la catástrofe. Que las derechas no podrán seguir colaborando mucho más tiempo, que no soportarán mucha más tiempo la dictadura nacionalsocialista, que, por otra parte, Hitler ya no es libre y que los nacionalsocialistas apremian a hacer uso de una violencia cada vez más fuerte. Hoy han sido detenidos los rectores de la Universidad de Francfort, los de la TH Brunswick, el director de la Clínica Universitaria de Bonn, Kantorowicz, un redactor de bolsa cristiano del Frankfurter Zeitung. Etc… Vendrá una explosión; pero nosotros tal vez lo paguemos con la vida, nosotros, los judíos. Horrible el pronunciamiento del estudiantado de Dresde, diciendo que es contra el honor de los estudiantes alemanes tener contacto con judíos. –No puedo trabajar con mi Imagen de Francia. Ya no creo en la psicología de los pueblos. Todo lo que yo consideraba no alemán: brutalidad, injusticia, hipocresía, sugestión de las masas hasta la embriaguez, todo eso es lo que prospera aquí.

El sábado por la noche, en Heidenau, en casa de Annemarie y del doctor Dressel. Ambos de derechas, ambos antinacionalsocialistas y horrorizados. Pero ambos aislados en el ambiente de su Hospital de los Sanjuanistas. –El domingo por la tarde, una hora (yo sólo) en casa de los Blumenfeld, abatidísimos. Les hablo de lo preocupado que me tiene Eva, cuyo estado general empeora enormemente debido a la catástrofe alemana; creo que, en todos los malos tiempos desde Lugano, nunca la he visto tan desesperada como ahora (…)

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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