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(…) De momento, domina la propaganda para las “elecciones” del 12 de noviembre, para el plebiscito y la “lista única” del Reichstag. La gente va por ahí con “botones electorales” (“Sí”) en la solapa de la chaqueta.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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(…) Cuando hace poco Alemania se retiró de la Sociedad de Naciones, creí por un momento que eso podría acelerar la caída del gobierno. Ya no lo creo. El referéndum y las famosas “elecciones” al Reichstag del 12 de noviembre son una maravillosa publicidad. Nadie se atreverá a no votar, y nadie responderá a la pregunta con un “no”. Porque, primero, nadie se fía del secreto del sufragio y, segundo, la cruz en el “no” será leída como una cruz en el “sí”.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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(…) Como un episodio de novela. Hace unas semanas (el 9 de octubre) estábamos indignados con Gerstle. Su cuñado está en Palestina, y él pacta con el “genial” Hitler y sólo desea que cese el boicot extranjero. Eva dijo que el nacionalsocialismo le convertiría en antisemita. (…) De pronto “estaban de viaje”. A él le habían puesto dificultades en su fábrica, quisieron forzarlo a hacer “cambios”. (…) Huida a Tierra Santa; qué parte de su fortuna se va con ellos, con qué parte se queda el genial Hitler, eso no lo sé. Ni yo ni Eva ni Gusti pudimos reprimir un movimiento de alegría.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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(…) Especialmente repugnante nos resulta el comportamiento de muchos judíos. Empiezan a someterse interiormente y a ver en la nueva situación de gueto, por atavismo, un estado legal que hay que aceptar. Gerstle, el director del lucrativo café de higos torrefactados, y cuñado, por cierto, del ya emigrado Jule Sebba, dice que Hitler es un genio y que en cuanto cese el boicot extranjero a Alemania, se podrá vivir; Blumenfeld piensa que no se debe “vivir de quimeras” y que “hay que atenerse a los hechos”; el padre de Kaufmann -¡su hijo está en Palestina!- habla de modo parecido, y su mujer, esa perfecta estúpida, se ha habituado a los eslóganes de la prensa y de la radio y repite como un papagayo lo que de “hemos superado el sistema”, cuya inviabilidad estaba demostrada.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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¡Historia contemporánea en el cine! Esta vez la asamblea general del NSDAP en Nuremberg. ¡Qué escenas de masas y de histeria! Hitler consagra nuevos estandartes tocándolos con la “bandera de sangre” de 1923 (Éxito, de Feuchtwanger). Cada vez que las dos telas se tocan, una detonación (…).

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Ayer tarde, en casa de la señora Schaps. Despedida de los Sebba, que ahora realmente emigran a Haifa. Sus muebles ya están navegando y ellos viajan hoy a Trieste, desde allí continuarán en barco. Conversé muy cordialmente con Jule Sebba. Evitamos todo sentimentalismo y nada más estar todos reunidos, charlamos alegremente. Pero por dentro había en todos hondísima tristeza, amargura, amor y odio. A mí me emocionó mucho, Eva estaba muy afectada. Jule Sebba dijo que él siempre se había sentido judío oriental y por tanto desarraigado y sin vinculación con la germanizad. Pero se va de Europa y de la seguridad a una colonia y a lo desconocido, se va con mujer e hija y a los cincuenta años empieza una vida nueva. A nosotros dos, a Eva y a mí, nos hiere en o más hondo que Alemania pisotee de esa manera todo derecho y toda cultura.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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(…) El 8 de septiembre cenamos en casa de los Blumenfeld. Estuvieron también la señora Dember y el señor Gerstle. Dember ha hecho un viaje misterioso a Suiza, va a firmar un contrato con Turquía y será unos años profesor de la Universidad de Constantinopla. La señora Gerstle estaba en Königsberg, ayudando a hacer maletas. La familia Sebba se va, en efecto, a Haifa; mañana la vermos probablemente allí. La postura de Gerstle me desagradó. Parecía haberse reconciliado con la situación, en cualquier caso estaba resignado a la voluntad divina, calificó de genio a Hitler, no quería “subestimar al adversario”, el estado actual de las cosas por lo visto no le parecía el peor de todos los posibles estados de cosas, etc., etc.

Bibliografía:

[1] Quiero dar testiminio hasta el final: diarios 1933-1941; Viktor Kemplerer – Barcelona – Galaxia Gutenberg – 2003.

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